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2 hábitos para que no te cuenten nada (o ser Pinocho).

 

¿Recuerdas cuando eras niño y te preguntaba tu madre (o tu padre) cómo te había ido el día?

Y tú, que acababas de volver del colegio, o de esa fiesta de cumpleaños y estabas lleno de imágenes y de emociones, le contabas todo (o casi :)).

Recuerdas, entonces, cuándo, más tarde, te lo preguntaba alguien más y ya no le contabas nada, porque ya era repetirte y, sobre todo, porque ya se te había pasado el momento…?

Pues de eso va mi post de hoy: de la comunicación emocional y la exclusividad.

 

La vida es pura emoción (sí, no me lo invento, reconozco que cuento, sobradamente, con ese 50% de porcentaje genético de optimismo que Sonja Lyubomirsky dice que tenemos). Pues esa emoción, o ese dolor que sentimos, se cuenta una vez, no dos. No nos repetimos, porque una vez que lo contamos, ya hemos cumplido la necesidad vital de comunicar.

Así que, o estamos atentos a lo que las personas que queremos nos quieren contar, o perdemos esa vez. Perdemos ese instante de vida…

Yolanda, explícate un poquito mejor, hija.

¡Voy!

A lo largo de un día nos pueden suceder muchas cosas (positivas, of course). Es decir, que tenemos muchas cosas que compartir, porque el ser humano lo necesita para sentirse acompañado en lo que le sucede, para sentirse oído, para tomar decisiones, para afianzarse, para sentirse amado…

Y… ¿qué sucede si no tienes a quién contárselo porque la mayoría prefiere un mensaje de whatsapp, o porque tu pareja está tan ocupada que no puedes hablar con ella por teléfono, o tu hermana no tiene tiempo, o tus amigas pasan de tus historias y no te entienden…?

Pues dos cosas:

1/ Que se lo cuentas a otra persona.

2/ Que te lo guardas.

En el primer caso, es lo que nos sucedía de niños: “si ya se lo he contado a mamá, no vengas ahora a preguntarme lo mismo…”

En el segundo, decides quedarte con ello y cuando te lo preguntan, dos días después, ya no te apetece contarlo.

Resumiendo (ojo que esto no va para el que no cuenta las cosas, sino para el que quiere saber de alguien): que pierdes la exclusividad de la comunicación. 

Damas y caballeros, para esta mujer que escribe, disfrutar de la exclusividad es una de sus máximas y después de una de las enseñanzas más grandes que he tenido de la mano de Jose luis Sampedro, en la que me enseñó que el tiempo no es oro sino vida, o nos dedicamos a escuchar a los nuestros, o nos perdemos parte de ella.

Porque yo no “pienso luego existo”, sino que “yo siento, luego existo”.

 

Querido Descartes, lamento el atrevimiento pero no me culpo por ello, al contrario, me siento más feliz de sentir que de pensar :).

La vida es demasiado apasionada para contarla por Whattsap. Es una herramienta maravillosa para compartir parte de las historias, pero no entera.

La voz, la voz, la voz…

 

 

 

 

 

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