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conversaciones con mi zorro: Mi fábrica de nombres.

Conversaciones
con mi zorro: mi fábrica de nombres.
–¿De dónde te viene esa manía de ponerle
nombres tan extraños a las cosas, querida..?
Estamos tumbados en la cama elástica
comiendo tostadas con Nocilla. Hace rato que no saltamos (odio que mi zorro se
suba porque ocupa casi todo el sitio y siempre termina arañándome cuando
salta).
Antes de la merienda, hablábamos sobre el
agradecimiento, que yo recuerde.  No sé a
qué viene ahora, que estamos agotados, sudando y relajados, que empiece a
comerme el coco.
-Querido (odia que le llame así), –yo no
tengo manías, solamente verdades –sé que lo aso cuando me pongo.  –Yo, simplemente vivo; los caprichosos son
los artistas, no te confundas.
–“la lista de mi vida” –responde con los
ojos vueltos y haciéndose el interesante.
–¿Eso es un nombre raro? –abro los ojos
todo lo que puedo.
–Bueno, mañana, lo pones en tu muro y que
tus queridos habitantes del bosque, como tanto te gusta llamarlos, te digan lo
que es (aquí lo noto celoso, jeje).
–Mira, yo no tengo que preguntarle a
nadie ni molestarlos en sus vacaciones o en sus trabajos para que me confirmen
algo que está clarísimo. Cada año me hago una lista de asuntos emocionales que
necesito zanjar, por eso se llama así. Este año es mi año del agradecimiento y
lo empecé escribiendo, cada dos meses, una carta a alguien que me hubiera
ayudado mucho o me hubiera influido. Ya llevo dos, vamos, que la cumplo porque
me hace sentir importante. –Y diciendo esto, muy digna, me levanto de la cama
elástica para salir por la red. Entonces lo oigo reírse a carcajadas (esto es
rarísimo porque la especie de mi zorro es muy seria y casi nunca se ríe, yo
creo que se debe al horóscopo, que esos animales también tienen).
Estoy por volverme y enchufarle la
manguera pero cuento hasta tres (bueno, llego a veinte) y me vuelvo:
–Tú lo que tienes es envidia cochina,
como diría mi abuela cuando ya la teníamos frita. Tú es que no sabes ponerle
palabras a las cosas y yo, que sólo vivo para ellas, te produzco un rechazo “realtivo”
(aquí me doy cuenta de que me he vuelto a inventar otra palabra y me giro para
que no me vea reír, que estaba yo en el rol de ofendida).
Y, como un chispazo, me doy cuenta de que
he dejado el bote de Nocilla entero a su lado y corro hacia él.
–lo siento, querida, el bote se ha
“dosinado”; añádelo a la “lista de tu vida”, por favor.

 

Y el muy caradura, me guiña un ojo y se
va.
yolandaquesequedasinnocilla

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