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-Te vuelves insoportable cuando lees al Principito…

-Se dice: leer El Principito –le respondo a mi zorro que lleva más de una hora dándome la lata con bostezos y aullidos para desconcentrarme.

-No, listilla, estás leyendo al Principito porque es él quien habla en el libro, así que lo lees a él.

Vaya tela… ahora no sé qué pensar. Igual lleva razón. Tengo que preguntarle a mi amiga Palmira sobre esto, porque ella lo sabe todo.

 

Es miércoles santo (nunca he tenido claro si todos los días de la Semana Santa lo son por igual). Estoy en la montaña, frente a la chimenea. Me he preparado una fuente de palomitas y me he servido un Luis Felipe. Es mi momento favorito porque ha terminado el día y me dispongo a disfrutar escribiendo poesía. Además, cuando estoy aquí me oigo mucho pero, sobre todo, me hago muchas preguntas.

Un fastidio haber tenido la idea de que se subiera el zorro conmigo…

-Me encanta El Principito –le contesto procurando no utilizar el verbo leer-. Dejo pasar meses hasta leerlo de nuevo para encontrar ideas vírgenes y pensar sobre ellas. Para volver a sentir su inocencia y limpiar mi corazón.

Esto último, o no lo ha entendido bien, o lo ha entendido tan bien que se ríe.

-Querida, -me contesta terminando de masticar (creo que me ha robado palomitas y no me he enterado)- a ti lo que te gusta es eso de la rosa y el amor eterno que siente por ella y cavilar que eres tú y que siempre hay alguien que te va a cuidar…

yolandaatónita…

-No me puedo creer que pienses eso -le contesto orgullosa y consciente de que me ha fastidiado mi momento favorito.

Me incorporo y abro de nuevo el libro. Busco los párrafos señalado donde habla, por ejemplo, de la prisa que tienen siempre las personas en uno de los planetas, o de ese momento en el que sube a la montaña y se siente muy solo. El que me gusta leer cuando doy un curso de protocolo en las Redes sociales. Escruto, indignada, lo que justifique lo imposible, lo que no lleve amor.

Adivinad qué ha pasado con las palomitas.

 

Canalla,

siempre me ganas.

 

 

********

Feliz martes, queridos.

Espero que tengáis un día precioso y que dejéis un espacio para pensar pero, sobre todo, para haceros preguntas 🙂

Os abrazo hasta doler.

1 Comment

  1. Pascual dice:

    Querida Yolanda (si me permites lo de “querida”), tan creativa como siempre. Sin duda, cada unos de nosotros somos uno de esos pequeños planetas que explora El Principito, quizá, sin darnos cuenta de las cosas efimeras que nacen y se acaban rápidamente a nuestro alrededor, como esa rosa que aun no siendo la única del universo era, en su esencia, única y especial, sobre todo para él que tanto la amaba, y puede que amar no sea más que eso: ver con el corazón (con el corazón limpio de un niño). Quizá sean esas cosas efímeras las que realmente merecen la pena y no las sepamos valorar ni aprovechar hasta que desaparecen, al fin y al cabo, nuestro paso en este planeta es otra de esas cosas efímeras.

    P.D.: Seguramente un niño no diferenciaría un Miércoles Santo de otro miércoles cualquiera, es más, puede que no diferenciara un miércoles de cualquier otro día… ¡Recuerdos a tu zorro! ;P

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