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Dame galletas…

En el año 90, mi abuela hacía 5 años que se había ido.

Durante años, estuve mirando al cielo por las noches para recibir (no por si la recibía, que eso lo daba por hecho) una señal suya, y terminé la carrera sabiendo que hacía lo que a ella le hubiera gustado estudiar.

Tengo un poema que muchos habréis leído y que habla de esas galletas de mantequilla que ella guardaba. Eran tan exquisitas que no me podía resistir y siempre, a escondidas, le quitaba una antes de dormir.

En los cursos de formación siempre invito (incito, motivo y casi obligo) a que recordemos qué nos hacía feliz cuando éramos jóvenes porque de pronto, la vida, viene y te da el cambiazo: que tú querías vivir en una caravana y viajar por el mundo, pues ea, aquí tienes tres hijos y un piso en el centro de la ciudad…, por ejemplo. Y amaneces en un hoy en el que has olvidado las cosas que te llenaban como bailar, ir al cine, viajar, tomar café con tus amigos, fiestas del pijama…

Anoche, leyendo algunas de las cartas que le escribía (yolanda, siempre jugando con los recuerdos…), me encontré con esta en la que habla precisamente de algo con lo que yo soñaba y que me hacía feliz imaginarlo.

Así que, haciéndome caso a mí misma, retomo el sueño de abrir la tienda con el nombre de mi abuela y os dejo estas palabras en las que hablo con ella.

Yo tan joven,

ella tan lejos…

 

Mi vida ha cambiado, abuela. Soy ya toda una mujer. Estarías orgullosa de mí. Sí señora, soy un poco como tú querías (aunque sigo vistiendo de manera “que no parezco de la familia”).

            ¿Recuerdas la promesa que te hice de que iba a abrir una tienda que se llamaría Trinidad…? pues aún lo pienso. Todos creían que me había olvidado, pero… ¡eres tan amada por mí!.

 

Perdóname desde allí arriba porque sé que el nombre no te gusta para una tienda pero es la única promesa que cumpliré, por ahora, en esta vida. Nada me haría más ilusión que acercarme un poquito a ti. Y quizás así vengas a visitarla de vez en cuando.

 

            ¡Querida abuela! Odio no verte a mi lado sentada en la mesa. ¿Sabes que compro las galletas de mantequilla que tú me escondías para que no acabara con todas…? Bueno, pues cada una de ellas que me como, es como si te estuviera besando. Las compro porque me recuerdan a ti, a tu traje azul y a tu pelo blanco lleno de nubes…

 

 

yolanda 1990

 

 

 

Buenos días, amigos.

Esto ya os sonará: lo más hermoso de los recuerdos pasados es que siguen siendo presente…

Así que a abrir la tienda 🙂

Feliz miércoles!!!! Así, con tanta ternura, como no voy a tener un buen día hoy…

Me voy a nadar. Os abrazo antes hasta doler.

2 Comments

  1. Estrella dice:

    Derrochas ternura con tu gente, me encanta las personas que los recuerdan constantemente, eso me dice mucho de tu carácter.
    Por cierto…te pareces a tu abuela.
    Saludos de Miércoles Yolanda…Muaaaka

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