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Ayer fui a nadar, como cada tres días.

La piscina de esta ciudad tiene una calidad dudosa 🙂 pero no hay otra, no puedes elegir, así que, apelando a todo eso que me gusta decir: encuentra lo bueno aunque tengas que rebuscar (mucho, muchísimo ), hago un ejercicio valiosísimo de adaptación al medio en cada visita y, lo mejor, es que lo consigo.

Lo maravilloso son las mujeres mayores que se cruzan conmigo en los vestuarios y que, con toda la frescura salpicándoles la piel y la lengua, se ríen a carcajadas hablando de sus cosas, de sus hombres, de sus cuerpos y de sus desayunos con churros y chocolate.

Y lo feo (aunque, pensándolo bien, gracias a ese hecho nace este artículo) son los trogloditas que de vez en cuando aparecen entre las aguas, como el de la foto que ilustra el post.

Ejemplo del otro día: un señor que me dio más de cinco veces y estuvo a punto de arruinarme la sesión de deporte.

Uno de esos machos que nadan fuerte y haciendo mucho ruido, incluso provocando olas.

Esa elegancia…

Sorpresa la mía (bueno, esto no es verdad del todo, que sorpresas de personas conocidas, últimamente, me estoy llevando unas pocas) cuando vi que el troglodita era un profesional bastante conocido de esta ciudad.

yolanda saenz de tejada troglodita la única educacion

En ningún momento pidió disculpas y siguió nadando como un poseso (me encanta esta palabra), mientras yo, “jartita”, me relajaba para detenerlo y decirle: ¿No crees que ya nos hemos dado demasiadas veces…?

Fuera de la piscina, este señor, que se dedica a la atención al cliente (tiene una empresa de servicios), es encantador y muy educado

(falsa apreciación porque la educación ha de formar parte de ti hasta cuando no te ven).

Particularmente, me gusta mucho utilizar la palabra ineducado porque considero que no existe ni buena ni mala educación, ya que la palabra educar es positiva y apela a valores.

Con lo que, para mí, existen personas educadas o ineducadas (ya sea por causas naturales o porque su entorno no se lo ha facilitado).

Nuestra marca personal debe ser coherente si queremos trabajar la excelencia y conseguir que las personas confíen en nosotros.

Si la asociamos a valores positivos (algo que aconsejo hasta ser una pesada), estos han de aparecer siempre a nuestro lado, como si fueran nuestra sombra.

 

Resumiendo:

Estimado señor troglodita, pierde usted toda la credibilidad si me lleva las bolsas a la puerta del coche para que yo no cargue con ellas y me atropella, dos días después, en la piscina para llegar primero a la meta (y porque no me reconoce, con el gorro pegado y las gafas, que este dato es muy importante).

La meta es que estamos aquí para que el mundo sea más bello y más justo y no existe otro camino válido.

No existen dos educaciones; solo una: la de cuidar a las personas.

 

 

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Feliz martes, queridos, día maravilloso de sueños y desayuno en el tren.

Que sonriáis mucho para que salga el sol en el viaje 🙂

 

 

 

 

 

 

 

1 Comment

  1. Alberto Javier Gozar Gutiérrez dice:

    Totalmente de acuerdo contigo feliz viaje que tengas un maravilloso dia.bss

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