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mi Gloria no es la tuya.

El tiempo se detiene nostálgico, a medio camino entre la gravedad y el suelo.

No sé si quedarme suspendida en el instante o en el aire.

 

Vuelvo de ver a Gloria. Cuando la llamo por teléfono para decirle que voy a su casa, he de gritar mucho porque no oye nada.

Llego con mis hijas y ella, a duras penas, mueve sus piernas para abrirme.

Nos come a besos.

 

Nunca sé si Gloria llora siempre que llego o siempre que me voy. O llora todo el rato que está conmigo.

Gloria es tan tierna,

que a veces creo

que es mentira.

 

Pronto cumplirá 85 años. Ella vivía con mi abuela en la parte baja de la casa grande y ayudó a criarnos a los siete hermanos. Era el único adulto que nos consentía (en una casa con una educación estricta, Gloria era una tabla de caprichos imprescindible).

Ahora apenas puede andar y dice (que infamia) que nos agradece toda la ayuda que le damos (que no es otra que un empujón para que ande de vez en cuando por la vida y amor, mucho amor; muchísimo amor).

Ella,

que no tuvo

más hijos que nosotros.

 

Bajamos las escaleras mientras nos despide desde arriba.

Llevo en los brazos una caja de galletas que me ha regalado. Son las mismas que yo le robaba a mi abuela cuando niña.

Que ironía, yo debería de haberle llevado pasteles a Gloria y ella es la que me regala galletas por ir a verla. Yo, que tengo mucho más que agradecerle y es ella la que llora de agradecimiento.

 

La gravedad sigue tirando de mis piernas y lo hace insoportable.

Me siento en las escaleras y mis hijas se adelantan jugando.

Me quedo en esta escena un instante,

con la caja de galletas apretada al pecho

mientras mi hija me pregunta por qué lloro.

 

(Los sábados, Gloria siempre nos hacía muchísimas tostadas súper finas con mantequilla. Hoy la recuerdo y me revienta la casa de alegría.

Se las voy a hacer a las vikingas.)

 

 

 

******************

Feliz sábado, queridos míos, feliz mañana que nos contagia de ternura las sábanas y el pelo.

Vamos a recordar-nos que estamos aquí para cumplir sueños. El resto, es puro trámite de la vida.

Os abrazo hasta doler.

 

2 Comments

  1. joaquin cordero rodriguez dice:

    Punta Umbria, cielo plomizo, fresquito, no vale ya bañador ni camiseta. Y despues de un paseo con mis “amigos”, sofa y Madre de Dios, tus palabras leidas tranquilamente y me siento en mi escalera, cierros los ojos y me pongo a pensar en mi Madre, su amor, sonrisas, tostadas con mermelada y llenas de cariño. Perdona, te copio, mis ojos no dejan de brotar lagrimas, lloro desconsoladamente.
    Pero muchisimas gracias por tus palabras, creo que esto lo necesitaba.

    • yolanda dice:

      Joaquín, muchas gracias por tus palabras, me hacen grande. Gracias por utilizar las mías para ser un poco más feliz y recordar algo tan hermoso y por venir luego y dejarlo aquí, de regalo.
      Un abrazo enorme y feliz mañana de domingo.

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