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Muerta de hambre y mi “corazónnevera”

Hay días en los que te levantas y te acaricias el corazón, así como si fuera una nevera en una mañana con hambre.

Vas extrayendo todo aquello que te alimenta para reponer fuerzas porque ese día (que podría ser hoy, por ejemplo) estás hecha un lío y andas algo perdida.

De la primera balda, extraes los recuerdos de las personas que han influido en que tú seas la Yolanda que ahora sientes dentro y que te gusta como mira de frente a los demás. Siempre son las personas positivas, claro, las negativas has aprendido que hay que tirarlas a la basura porque terminan pudriéndolo todo.

Entonces, el mundo se ilumina de nuevo, y esos ingredientes sagrados se convierten en tu pan de cada día porque ellos son los que te han ayudado a forjar tu camino.

Ellos sacian tu hambre.

 

Cuando era niña quería ser diseñadora de moda. Me fascinaba el milagro de poder embellecer a las personas con mis propias manos.

Nadie lo estudiaba en esa época. Sobre todo porque no se consideraba una carrera sino un entretenimiento.

Nadie en un pueblo, claro.

Así que, con 13 años, en verano, mi madre (que siempre escuchó las pasiones de sus 7 hijos), me apuntó a clases de corte y confección en un taller del pueblo. Hacía 40 grados y no había aire acondicionado pero, a las 5 de la tarde, yo atravesaba las calles y llegaba a esa cochera, donde había mujeres mayores cosiendo, con mis telas y mi pasión bajo el brazo.

Estrené el primer conjunto hecho por mí en una comunión. Lo hice con las cortinas de boda de mi madre (gracias, mami :)). Cuando los invitados me miraban, comentaban que iba rara porque no era la moda, ni las chicas vestían así. Mi madre, orgullosa, no paraba de comentarles: se lo ha hecho ella, me parece precioso y de lo más moderno…

Hoy, mientras atardece en mis piernas, en uno de esos días tontos en los que piensas que no sabes donde quieres llegar (porque realmente no te parece tan importante y, sobre todo, porque sabes que cambiaras el rumbo), pero que no quieres perderte ni una sola parada en el camino, abro mi corazónnevera y voy alimentándome de todas aquellas personas que han creído en mí.

Así, poco a poco, voy llenando de calor todos los cajones del frío.

 

 

……..

Buenos días, feliz martes que es bendito solo porque se asoma a mi cuerpo con alegría.

Que tengáis un día a medida y, sobre todo, no os olvidéis de disfrutar todas las paradas que hagáis en el camino. Ese es el verdadero placer de vivir.

 

(fotografía: el gran Jesús Ochando)

 

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