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No voy a la moda y lo sé…

Tengo una teoría…

Lo mejor es que la practico cada día y llevo investigando en ella hace más de un año (Yolanda, si tú de tiempo no entiendes…).

Gracias a esa teoría (¿científica?), acontecen en mí respuestas emocionales positivas. Entre otras, por ejemplo, para que nos entendamos, que me siento importante.

Mi teoría es muy sencilla y consiste en lo siguiente:

si utilizamos artículos que estén llenos de amor y somos conscientes de ello, este amor se traslada a nuestro comportamiento (a ver la cara que se la ha puesto a más de uno… 🙂 ).

Es un poco más complejo, vale, pero os la cuento por si queréis aplicarla porque, como cualquier generador de felicidad, tiene mucho que ver con tu cerebro y con lo que tú le envíes. O, más bien, hacia dónde lo envíes.

Cuando alguien te regala unos pendientes, por ejemplo, como a mí me ha regalado Julia, con tanto cariño, admiración, ilusión y tiempo, porque ha invertido uno precioso en elegirlos (la pobre, que va a tope), esos pendientes son especiales. No pueden ser iguales que unos que yo vea por la calle y los compre a pleno impulso de: ¡lo quiero y lo quiero!

Pues ese es el truco:

cada vez que me pongo los pendientes, pienso en todas las emociones positivas que esa persona ha invertido en mí y esto me hace sentirme agradecida e importante. Al ponérmelos, ya le he dicho a mi cerebro que recuerde todo eso que ha sucedido y, como hablamos de milésimas de segundo, cuando están en mi lóbulo, yo soy mucho más feliz.

Aquí entraría en juego lo que siempre digo en los cursos de formación y en los libros: hemos de buscar el agradecimiento no como simple respuesta a un estímulo, sino como artículo determinante de tu vida.

¿Y qué consigo con esta teoría…? Saber que la vida me quiere y que hay personas que merecen la pena y a las que yo, por supuesto,  quiero tener cerca. Así pues, si cada día utilizo cosas con amor, estaré aportando una dosis extra de belleza física y emocional a mis días, dándole importancia a lo que realmente la tiene.

 

Mi padre, a su vuelta de Jordania, me ha traído un pañuelo. ES hermoso, sí, pero lo que realmente importa es que haya venido desde allí con él para mí.

Anoche, al utilizarlo sobre los hombros, sentí que la belleza de ese trozo de tela era el privilegio de que alguien había pensado en que me haría feliz y lo había elegido para mí.

Así que la frontera entre la belleza física y la emocional, está demodé también en mis prendas 🙂 .

 

 

¡¡¡Feliz martes!!!

hoy nos toca nadar e inaugurar nuestro precioso Club privado de socios de ibéricos como base fundamental de la mañana.

Ole que ole…

Que tengáis un precioso día.

 

 

 

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