Escondida
8 Septiembre, 2015
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10 Septiembre, 2015

Señor cura, este acto no me gusta (o grito por un cambio).

Señor cura, le ruego me disculpe pero, en este entierro, nadie ha hablado de lo hermosa que era la novia (ella siempre era novia); ni de sus ojos de gato que iluminaban el instituto, o de sus camisas blancas y ajustadas que compartíamos mezcladas con carcajadas de luna creciente.

Mire usted, padre, este entierro no me gusta porque ella era tan alegre y esto es tan mustio…(le recuerdo que aún era una flor).

¿No le importaría personalizar el acto, por favor, en lugar de utilizar las mismas palabras pero cambiando el nombre del que se va…?

 

Es cierto que no la veo desde hace muchos años pero si realmente hay otra vida y ella está aquí, despidiéndose de nosotros, no se puede ir al cielo con este mercado de monocromo y tristeza que estamos viviendo. Vamos a regalarle un poco de ganas, padre.

 

Si fuera yo, pediría a gritos que ellas, las amigas del grupo de baile que están sentadas en los bancos de la última fila, bailaran algo. Me vale una Farruca o unas sevillanas, como últimamente hemos hecho en los homenajes (aunque lloraran entre medias a carne abierta, pero también se reirían y eso es lo que yo quisiera ver) y también me encantaría (esto me encantaría mucho, muchísimo) que subieran ahí los asistentes, donde está usted, a contar cosas hermosas de mí. Feas no, padre, que de esas ya se ha encargado la vida de vez en cuando.

Que digan cosas de mí lindas y divertidas, para que me ayuden a subir al cielo orgullosa de haber pasado por esta vida;

que me olvide de que hoy estamos aquí para un adiós y que al oírlas, los huesos se me hinchen de belleza y le den sentido a todos estos años de lucha.

 

Pero esta ceremonia no le pega a ella, señor cura, de verdad; podría haber preguntado antes para saber quien era. Esta es para un triste y ella era una mujer alegre, como las mañanas de clases de lengua, por ejemplo, donde nos escapábamos para ir al instituto viejo a ver salir al profe de historia…

 

(Va por ti, ojazos, para que sepas que ayer solo te dejamos alegría en el último banco. Y va por vosotras-os, grupo de baile, para que hagamos caso de Pilar y nos contemos la vida para no perdernos por el camino.)

 

(Y por los párrocos que lean esto, para que, en nombre del amor, personalicen las despedidas, no que le cambien el nombre a los textos y punto ¿o es que la excelencia solo la va a buscar el Papa…?).

 

 

 

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Buenos miércoles, amigos. Esta cabecita está hoy llena de preciosos abrazos de ayer y de un montón de cariño recién amasado.

Así si se puede amanecer con ganas…

No somos nadie sin todos

esta es mi frase de hoy.

A por ella voy de boca, sabiendo que lo que mejor se me da es querer y recibir cariño. El resto, siempre me llega solo. Que la mañana os recuerde que la vida es bella, queridos amigos. Si no, os lo recuerdo yo 🙂

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