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Tengo el cuerpo lleno de libros

-¿Y esa que está todo el rato leyendo debajo del toldo, quien es…? —le pregunté a mi prima Blanca ese verano del 85, en la orilla de la playa del Puerto de Santa María y con el cuerpo untado de Nivea para ponernos morenas y achicharrarnos.—

—Es la nueva —me dijo así bajito, como ella solía hacer, con los labios apretados para que no se los leyeran. — Es que cómo solo vienes en verano, guapa, pues no controlas los fichajes que hacemos en invierno…

Y mientras la miraba, continuó explicándome: —Es un poco rara y muy curiosa, la tipa te pregunta por todo: que asignatura prefieres, que idiomas te gustaría hablar, que libros lees… pero luego es simpática, sí, aunque un poco tímida y viste diferente. No sé, como tú… Ahora que lo pienso, ¡os parecéis…! —sentenció mientras miraba mi chaleco de chico sobre ese bikini amarillo que tanto me gustaba.

— ¡Ah! —le contesté sin dejar de mirar a esa chica nueva de pelo negro y rizado que tenía las pestañas llenas de aventuras. —

-¿Sabes? – le dije más tarde a ella, cuando ya nos habíamos declarado amor eterno— eres como una princesa pirata. Pero no como las que salen en las pelis, no, esas son vulgares y sólo saben morirse de amor por el más cachas. Tú eres una princesa pirata como las de los libros que leo. A esas no las conoce nadie porque resultan menos vendibles pero son más interesantes, mucho más. Son como tú, lánguidas y hermosísimas, llenas de rizos negros y con el cerebro cuajado de viajes.

(Recuerdos inventados, que son mis favoritos 🙂 ).

 

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Feliz jueves, queridos, mi maleta espera mientras os declaro amor eterno, como a la prota del relato.

Hoy nos toca un hermoso día y dormir mucho, que anoche se me hizo tardísimo… snif, con lo que me gusta a mí dormir.

Pero mereció la pena, of course.

Que tengáis un precioso jueves, queridas y queridos piratas…

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