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13 claves para responder con elegancia a quien no se lo merece

Una de las dos cosas que mejor he aprendido en comunicación, es que no le puedes gustar a todo el mundo.

La segunda, que cada vez que te expones hay alguien (casi seguro) que va a intentar fundirte los plomos (cuanto más brilles, más veces te pasará).

En los dos últimos años, he puesto mucho empeño en el título de este post para, además de no perder los nervios, superarme y aprender de cada situación desagradable que he vivido, mientras intentaba entender por qué narices esa persona estaba contra mí. Que podía haberle hecho yo (que mi madre dice que soy bastante agradable, por cierto) para hacer florecer en ella esas ganas imparables de dejarme en ridículo.

He llegado a la conclusión de que puede suceder por dos cosas, fundamentalmente:

  • Que tu manera der ser, tu físico, tu tono de voz o tus ideales, despierten en esa persona una animadversión que hagan aflorar su frustración, los malos modales, el rencor o la envidia (esto último no me gusta mucho utilizarlo, porque es algo a lo que apelamos con demasiada facilidad para explicar algo y las personas son mucho más que actos de envidia). Es decir, que juegas, en los primeros tres segundos de conocimiento, con un enemigo y te va a costar que pase a otro bando.
  • Que sea así con todo el mundo y venga a entretenerse un rato contigo. Es decir, que no es contra ti, sino contra el mundo.

En ambos casos, puedes hacer mucho, incluso puedes llegar a salir fortalecido, pero claro, hay que saber jugar a las cartas para ganar una partida.

Una vez, en el café de una jornada muy larga de formación que estaba impartiendo de protocolo cotidiano profesional, una de las alumnas apenas me dejaba hablar, poniéndose en contra de todo lo que yo decía.

No consiguió que perdiera la paciencia, es cierto, pero sí me incomodaba bastante, porque no me dejaba avanzar en el temario. Cuando ya veía que se iba a escapar de las manos y que las otras alumnas comenzaban a despistarse, le pedí que se anotara todas las dudas, por favor. Que terminaríamos las clases 15m antes para que me las comentara, que íbamos a seguir avanzando por respeto a sus compañeras.

Lo que me contestó no viene a cuento ahora :). Lo que sí me impactó fue que en el café, una periodista, compañera suya, se me acercó y me preguntó algo que jamás lo he olvidado y que me ha ayudado muchísimo: Yolanda, ¿a ti te perdona el mundo que seas tan feliz?

Glups…

Pregunta muy oportuna, pero sin respuesta.

Mientras pensaba qué responderle, pasaron por mi mente muchas de las escenas que la vida (a veces jodida, claro) me ha regalado de forma gratuita y que me han apretado el corazón tipo: Olga, una de mis mejores amigas de hoy, cuando me conoció,  pensó que yo era una pija redimida (por favor, si yo me considero más jipie que pija).

También, ésta, que es de mis favoritas, porque no entendía nada y, además, era muy joven. Fue cuando la novia de un amigo me dijo que le caía fatal, porque siempre terminaba hablando de coches o de temas de chicos en las conversaciones (papá, vaya tela esa idea tuya de criarme como a un chico y con mis tres hermanos y de hacerme ir a Bruselas contigo con el carnet recién sacado a comprar coches para venderlos en España o de enseñarnos a jugar a montar empresas, en lugar de casitas de cartas). Con lo mono que me quedó a mí ese poema que tanto he leído y que empieza así:

Yo me crié

entre chicos,

y jugué con ellos

a indios y vaqueros,

en lugar de ligarme

al novio

de La Nancy…

 

Es decir, que como se dice en mi tierra: tires por donde tires, te encuentras con Ramírez…

Eso sí, me encanta cuando alguna gran dama me dice que le ha sucedido lo mismo, o cuando algún colega afirma que a él también le pasa. Vamos, que es subirse a un escenario y saber que comenzarán a llegar los puñales. Por no decir esas clientas que me estaréis leyendo y que sabéis que es sentaros en una reunión de trabajo a presentar algo que os lo sabéis al dedillo y que, además de los nervios por dar la talla,  tenéis que estar pendientes de que alguien va a intentar boicotear vuestro proyecto.

Como estos temas de la comunicación asertiva y de la superación me encantan, os dejo aquí algunos puntos que he desarrollado y puesto en práctica por si tenéis la gran suerte de que os suceda y os pueda ayudar (sí, a veces es una suerte, os lo aseguro, que nos pongan a prueba para superarnos).

Recuerda que, aunque la persona que te esté agrediendo verbalmente no se merezca una respuesta elegante, TU PÚBLICO, sí.

 

1/ Deja hablar a la otra persona sin interrumpirla. Así dejes las uñas clavadas en el asiento donde estás, tú ni mu. Déjala que hable y hable sin parar hasta que creas que ha terminado.

2/ Sonríe levemente mientras habla y escúchalo. No desconectes, piensa que todo el mundo está pendiente de ti, del malestar que te está generando, de tu mirada, de tu lenguaje no verbal. De vez en cuando haz movimientos de la cabeza asintiendo, que sepa que lo estás escuchando.

3/ No te lo tomes como algo personal, aunque lo sea. Seguro que esa persona lo hace a menudo, incluso comprando el pan. Toma distancia. Además, ¿estás seguro de que tú no te pasado con alguien alguna vez o parecido…?

4/ Cuando creas que ha terminado, se lo preguntas. ¿Ha terminado? Ojo de nuevo al lenguaje no verbal. Pregúntalo tranquilo, sonriendo levemente.

5/ Si te habla de tú y te está agrediendo, respóndele de Usted. No os han presentado y no quieres ser amigo o colega de alguien que te habla así. Además, ya denota que sabes de buenas maneras.

6/ Agradece su intervención. Siempre, siempre. Es la mejor manera de decirle al público (recuerda que es quien te importa, no a quien le respondes) que tienes dominada la situación. Agradezco su perspectiva. Muchas gracias por sus comentarios.

7/ Comienza con una frase que resuma lo que has dicho, que refuerce tu mensaje (es una de las técnicas de la comunicación política, aprenderse tres frases y siempre contestar con ellas, les pregunten lo que les pregunten). Tú debes saber, a estas alturas, en qué te van a agredir, así que comienza con una frase que resuma tu intervención y que jamás denote que no eres experto en ese tema. Y si no lo has pensado nunca, revisa tus puntos débiles pensando qué te puede suceder y anticípate.

8/ Dile que lamentas su malestar y contesta con firmeza, pero tranquilamente, lo que tengas que contestar. Estaría bien que agregaras frases tipo: Permítame enumerar las razones…

9/ Te va a interrumpir y… olé! ahí estás tú para decirle: disculpe, no le he interrumpido mientras usted exponía, le ruego no lo haga conmigo. Tendrás suerte si te sigue interrumpiendo, porque tienes motivos para dejar el tema.

10/ Encuentra algo en lo que lleve razón: tiene razón en preguntar algo en lo que no está de acuerdo, claro.

11/ Si se sale de tono, le invitas amablemente a que después de la conferencia te interrumpa todas las veces que quiera y habláis del tema, pero que has de seguir con la exposición o con las preguntas. Recuerda que las malas palabras se utilizan para ofender, así que si las utiliza contigo, no quiere aprender sino ofender. Resalta que tú no lo has insultado. No te rindas, no entres en juego. Algo como: Considero (no digas creo) que debemos dejar la conversación (no digas discusión) aquí. Te invito a que luego sigamos debatiendo. Y sigues con la siguiente pregunta, antes de que te saque de las casillas.

12/ Para cerrar, puedes terminar con una frase tipo: No me importaría estar de acuerdo con usted con el fin de evitar su malestar y explicárselo más veces, aunque, por mucho que lo haga, no puedo entenderlo por usted.

13/ No intentes hacerle cambiar de opinión. Recuerda que lo que has de trabajar es que tu público sepa que eres un experto y, además, con clase, con lo que no viene cualquiera y te lo tira por tierra. Así que tu triunfo no es convencer a esa persona, sino quedar bien con los asistentes.

 

Si estás seguro de lo que estás contando, piensa que a esa persona, quizás no le interese lo que dices, sino que quiere es dejarte en ridículo, así que no entres en el juego. No va contra tu conocimiento, sino contra ti y tú no te has hecho los kilómetros o has renunciado a tanto para llegar donde estás y que ahora te quieran apagar la luz.

Tú, no.

Yo, tampoco.

 

 

Soy Yolanda Sáenz de Tejada y Vázquezdemimadre, experta en visibilidad femenina, escritora, conferenciante y empresaria. Mi misión es que tú, que me estás leyendo, alcances la visibilidad que deseas y que necesitas para conseguir tus objetivos.

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