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Cuando digo que mi primer negocio lo monté a los 9 años, no exagero, os lo aseguro.

Era verano, en Punta Umbría, Huelva. Pasábamos casi tres meses allí a pie de mar, rodeados de la maravillosa familia de mi madre y de los vecinos de toda la vida.

De los 7 hermanos que somos, mis correlativos son tres varones, por eso siempre cuento que yo me crié entre chicos y como mi padre era empresario, ellos lo imitaban. ¿Resultado? que desde muy niña me contagié de esta casi enfermedad que es el emprendimiento y que considero más una actitud, una forma de vida, que un estado fiscal.

Emprender significa estar alerta a las oportunidades que te surgen, pero que tú también propicias. Es por ello, que los cursos que imparto de visibilidad femenina, van dirigidos a directivas, profesionales y empresarias, porque en más de una ocasión, ellas mismas cambian de forma de vida y pasan a ser autónomas cuando antes eran directivas, o al revés.

La historia, pues, comienza en el verano del 77 y los 4 pequeños salvajes (7,9,11 y 13 años) montamos un negocio infalible: desatascar los coches que, intrépidos, querían aparcar casi al borde del mar sin ser conscientes de que no podrían salir porque las ruedas serían devoradas en gran parte por la arena.

 

Teníamos el oído entrenado para ese ruido que hace un coche cuando patina y el primero que lo oía, silbaba dando la señal para, un instante después, salir corriendo hacia el señor (no recuerdo ninguna dama que se atascara, con esto no quiero ser abogada de mujeres y señalar que sería porque conducían mejor, jeje, supongo que sería porque conducían menos).

“No se preocupe, señor, que enseguida le ayudamos”, era la frase mágica que decía el que había silbado.

Inmediatamente, salíamos el resto cargados con maderas que, previamente, habíamos seleccionado en el patio según el peso de los coches (mis hermanos han sido siempre unos frikis de todo lo que lleva ruedas y ya de niños entendían ese mundo mejor que muchos adultos). El caballero no daba crédito al ver a un puñado de niños todos rubios (incluida yo), descalzos y cargados de madera dando órdenes: “súbase, no acelere, pise el embrague cuando le digamos y ponga marcha atrás…”.

El premio eran las propinas, claro, que no cobrábamos nada :).

Yo recuerdo este negocio como un pequeño imperio porque no era nada casual, tenía un entrenamiento previo, una dedicación, una pasión y un conocimiento del medio.

Había un estado de alerta constante (teníamos que estar pendiente todo el día de los coches que se atascaban) y un período de celebración posterior y, por supuesto, una inversión de los fondos adquiridos.

Con nuestros primeros ingresos, invertimos en una tienda, pero esta historia os la cuento otro día, hoy me quiero centrar en la mujer emprendedora, que no es solamente la que monta un negocio, sino la que tiene el alma de encontrar oportunidades y decide dedicarse a ellas, aunque trabaje para otra persona. Yo he trabajado en casi todos los estados, por eso he pasado por muchas fases y cada una de ellas me ha ayudado, pero el estado de alerta, ese ha ido conmigo siempre. Intraemprendimiento, le llamamos. Bendita palabra que te acerca cada vez más a ser útil a la sociedad y a sentirte plena.

     







Después de esta primera aventura, montar ideas se convirtió en una obsesión (porque esto va de montar cosas, de construir, de encajar piezas y hacer un castillo de naipes, con el riesgo de que se caiga o no). Mis hermanos acompañaban a ello, porque eran pequeños negociantes que se pasaban los días inventando qué hacer: hacían recados, vendían conejos, criaban codornices, hacíamos de canguro, comprábamos y vendíamos cosas… y el producto estrella, siendo muy jóvenes, y recién terminada mi carrera, fue montar una discoteca de 1000 metros cuadrados en la pequeña ciudad donde vivíamos (con un barco y una preciosa playa de arena en el centro) y que quebró a los tres meses de su inauguración. Ahí ya habíamos aprendido que nos casábamos con dos socios: nosotros y el banco. Eso sí, también que nos gustaban las cosas grandes y muy bien hechas.

Trabajar con tres hombres como socios me enseñó muchísimo, por supuesto, aunque sufrí también mucho las diferencias de ser mujer y empresaria (y hermana, que a tu hermana la valoras menos, claro).

Aprovechando que mis hermanos no me leen y que es mi blog 🙂 (además, seguro que me contradicen), os confieso que lo que peor llevaba era que, a última hora de la tarde, cuando yo había organizado todo para intentar llegar a una hora decente a mi casa, en otra ciudad, y donde me esperaba, además de mi pareja, una niña de 1 año a la que no veía desde las 8 de la mañana (eran las 9 de la noche cuando volvía, estaba a 50km. de coche sin autovía), ellos decían: espera, Yolanda, vamos a sentarnos un rato a ver este tema… y Yolanda, que se había tirado todo el día en la oficina, les decía que ahora ya no podía y claro, ellos protestaban diciendo que yo no tenía la misma disponibilidad.

 

Ahí aprendí que las horas de los hombres no son las mismas que las nuestras, que ellos se rigen por un horario interno y nosotras, por el externo (la casa, los hijos, la familia…).

Y me temo que tenía la guerra perdida, porque eran dos en contra de una. Yo llegaba a las 9 de la mañana y ellos a la hora que querían, algo que no me importaba, porque siempre he creído que cada trabajo se lo debe organizar uno, que lo que importa son los resultados. Ellos no tenían hijos y cuando los tuvieron, tenían una maravillosa mujer que se ocupaba de ellos. Yo también tenía un maravilloso hombre, claro, que trabajaba menos horas, y una estupenda chica a la que pagaba casi mi sueldo, pero yo vivía en otra ciudad y necesitaba más, mucha más conciliación.

Porque la conciliación, queridas damas, comienza por una misma. Por nosotras. Pero de este tema también hablaré en otro artículo

 

Es por eso mi atrevimiento e ilusión a escribir este post donde quiero resumir algunas de las cosas que me han llevado a vivir de lo que amo y a conseguir cumplir objetivos desde una ciudad muy pequeña, viviendo a las afueras, casi en el campo, en una Andalucía con un nivel de paro altísimo y digitalización bajísima y con dos hijas que salvar de los pesimistas.

Queridas damas, después de muchos años, tomé la decisión más importante para mí: vendí mis acciones y compré mi vida. No tenía muy claro a lo que me iba a dedicar, pero sí quería ser yo y dedicarme a algo que me apasionara.

Hoy, en estos 10 puntos, me gustaría compartir con vosotras lo que a mí me hizo no quedarme dormida como la bella del cuento y ser yo (joder, lo que cuesta decir eso…).

Mujer y emprendedora, o profesional, o directiva, ¡¡VA POR VOSOTRAS, MIS MUSAS!!

1/

1/LA PASIÓN: No solo por tu trabajo, que eso lo doy por hecho, sino por las relaciones con las personas, porque son las que te aportan la mayoría de las oportunidades. Me gusta mucho decir que hemos de relacionarnos con las personas como si las fuéramos a ver siempre, porque solo así nos llevaremos lo más hermoso de ellas, y porque creo profundamente que si nos detenemos a escucharlas, nos van a regalar momentos excepcionales e inesperados y vamos a descubrir a personasjoyas en el camino.

Las mujeres necesitamos dosis extras de pasión, chicas, porque siempre hay alguien dispuesto a recordarnos que va a ser muy difícil ser lo que queremos y tener hijos, o, si los tenemos, cómo vamos a hacer para conciliar. Qué listos, como si no nos hubiéramos dado cuenta ya nosotras solitas…

 Pues eso, un kilo de pasión por el cuarto y mitad de ellos. Pasión por lo que hacemos, por cómo lo hacemos, y por aquellos a quienes elegimos.

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2/LA PAREJA: ay, sí, que esto es muy importante. Que para ellos no lo es tanto, pero para nosotras sí, porque somos más emocionales, nos importa mucho más lo que nos digan y porque, en nombre del amor, sacrificamos muchas cosas, por no decir que estamos educadas para cuidar y agradar. Buscaos una pareja que os ayude a crecer, no que os pregunte cuánto os queda para terminar ese máster que ahora has empezado.

Elige bien a tu pareja y educa a tu hija para que lo haga también.

 

3/FORMACIÓN CONSTANTE EN CAPACIDADES (gestión del tiempo, desarrollo de proyectos, protocolo profesional…). Desde los 18 años, además de la carrera y el máster, me aficioné a los cursos de verano en las Universidades. Me ilusionaba pensar que tendría 4 días de formación de calidad sobre cosas diferentes a lo que estaba estudiando durante el invierno y a un precio excepcional. Les llamaba “mis campamentos de verano”, porque conocía a gente súper interesante y viajaba a diferentes ciudades. Ahora, además de seguir haciéndolos, a veces los dirijo y siento una emoción inigualable al poder aportar una formación diferente y complementaria a los alumnos. Fórmate en otras capacidades, porque será lo que te diferencie y hará que que te elijan a ti, en lugar de a otro profesional (cómo escribes un mail; como asistes a un evento de networking; cómo diseñas un proyecto; cómo gestionas conflictos; como coordinas una reunión; cómo gestionas el correo; qué marca personal es la que transmites en las redes; incluso cómo haces una reunión en un restaurante mientras almuerzas, igual que ellos hacen tan bien).

Esto es protocolo profesional y es necesario, porque no nos lo han enseñado en las carreras que hemos estudiado.

 

4/NO SER TAN PERFECCIONISTAS: las mujeres queremos todo perfecto y descubrimos, demasiado tarde, que eso no existe, porque si lo es para nosotros, no lo es para otra persona. Recuerdo un día en el que mi madrina me invitó a almorzar y yo quería llevarle unos pasteles especiales que hacían artesanos. Aparqué cerca de la tienda, hice cola y los conseguí, pero llegué tarde y ella, tan sincera y maravillosa, me dijo: prefiero que vengas sin pasteles, pero a tu hora. ¡Me estaban todos esperando! Llevaba razón, claro. Pues esta anécdota la he utilizado muchas veces cuando dudo si invertir más tiempo en alguna tarea o no.

Somos capaces de pasarnos una noche sin dormir preparando un proyecto y pensando en lo que puede pasar, a quién no le va a gustar… Y ellos, tan fantásticos, se lo han leído, preparado por encima y como están tan seguros, hala, lo sueltan y les sale genial.

Es nuestra educación, de nuevo, nos han educado para agradar y nos va a costar mucho deshacernos de ello.












5/ NOS DEJAMOS INTERRUMPIR: La mayoría (con diferencia) de las interrupciones que se hacen en una reunión de trabajo, almuerzo, o lugar donde estemos hombres y mujeres, es a nosotras. Sí, y ahora que os lo digo, seguro que caéis en la cuenta y lo comprobáis. El caso es que como somos tan educadas, nosotras no lo hacemos, pero lo consentimos porque es la costumbre y ellos no lo hacen de mala fe, estoy segura, pero también están acostumbrados a ello

“Disculpe, déjeme terminar y cuando lo haga, podrá usted hablar”, sería la frase mágica… Yo, incluso, utilizo el usted en estos casos aunque sea un compañero de trabajo, para remarcar más la frase :).

 

6/ #DigitalizaciónCotidiana: Somos las mayores usuarias de las redes sociales, sin embargo, nos cuesta mucho más que a los hombres utilizar la tecnología digital de manera natural y cotidiana. Es uno de los temarios en los que más insisto en mis cursos. Hemos de digitalizarnos hasta para hacer la lista de la compra. Es que no imagináis el tiempo que ganamos, y el orden, que las mujeres necesitamos tener mucho orden, pero nos limitamos a decirnos: es que yo soy un desastre… ¡¡Cómo vamos a ser un desastre si manejamos máquinas tan imposibles como la lavadora con diez programas o cualquier artilugio de la casa desde que los diseñaron!!

Es por eso que he juntado estos dos términos en un hastag y le llamo así, #DigitalizaciónCotidiana, porque ha de ser de forma natural y hay programas que nos hacen sentir más control y poder sobre nuestros proyectos, nuestra gestión personal, nuestras actividades…

Amamos las listas, ¡pues vamos a digitalizarlas! ¿Un ejemplo? Everynote, trello, canva…

 

7/ MARCA PERSONAL EN LAS REDES SOCIALES Si no estás en las redes no te van a encontrar y no me digas que tú no necesitas que te encuentren porque ya tienes trabajo. La vida cambia tanto… y luego, vendrás con prisas a preparar express tus redes porque las necesitas.

Hemos de trabajar nuestra marca para que quede latente, no tanto lo que haces, sino cómo lo haces, que es lo que nos va decir cuáles son tus valores, en qué te diferencias del resto de los profesionales, o qué beneficios voy a conseguir

Sin duda, la red por excelencia es Linkedin, así que, si no estás, te invito a que te hagas el perfil y te muevas dentro de ella. Al principio te parecerá fría, pero luego es maravillosa, para mí se ha convertido en mi favorita, junto con Instagram.

 

8/ RESPONSABILIDAD VERSUS DISPONIBILIDAD: la responsabilidad no es sinónimo de disponibilidad, ni para el trabajo, ni la familia, ni los amigos.

Es decir, que no tenemos que coger el teléfono cada vez que suena, ni contestar el WhatsApp al instante.

Nosotras cumplimos objetivos, y cuanto más organizado tengamos las horas de llamadas o de contestar mails y mensajes, más tiempo tendremos para ocuparnos de lo importante, que urgente hay muy pocas cosas realmente.

En mi teléfono solo suena la llamada, jamás las redes sociales, ni mensajes, ni mails… Y los que me conocen, saben que el teléfono lo llevo regular, que mejor un mail o por cualquier red social. Es decir, que no estoy disponible todo el tiempo, que yo decido cuando contesto. Eso sí, lo hago enseguida que puedo :), por esa máxima de: no esperes respuesta inmediata, pero responde tú lo más inmediato que puedas.

Las mujeres tenemos muy agudizado el sentido de la responsabilidad y el miedo a quedar mal si no contestamos enseguida.

No, no quedas mal, te lo aseguro, tampoco des muchas explicaciones si no contestas enseguida, simplemente llama tú después o contesta que no puedes hablar en ese momento. Dar muchas explicaciones es sinónimo de que nos sentimos en parte culpable, así que ve al grano y nada más.

 

9/LIBERARNOS DE LA CULPABILIDAD DE NO ATENDER A LOS NUESTROS: A ver, a mí esto me ha costado mucho, os lo aseguro, pero me siento tan bien cuando mis hijas me agradecen que las lleve a alguna actividad en la que ellas tienen que ir andando y yo hago un esfuerzo por llevarlas…

Hemos de tener un espacio nuestro, porque a mayor culpabilidad, menos lo tenemos. Las mujeres pagamos las deudas que creemos tener con nuestra familia o amigos diciendo a todo que sí y al final del día, no paramos de decirnos: “es que eres tonta, Yolanda, siempre te pasa lo mismo”.

Te propongo que hagas una lista de aquellas cosas por las que te sientes culpable y te quedes solo con dos, el resto, que las delegues a alguien. Ocúpate de las dos que más te preocupan y agenda cómo hacerlo para ir sanándolas. Y, por supuesto, entrena para decir que no, que es nuestra deuda, pero te aseguro que se aprende. Es técnica.

 

10/ GESTIÓN EFICAZ DEL TIEMPO: queridas damas, esto ha sido uno de mis grandes avances, os lo aseguro. He hecho cursos, leído libros y no paro de investigar en ello, diseñando procesos personalizados y agendas que concilien para mis clientas, porque la mayoría de los libros y cursos están diseñados para el hombre (ay, qué diferencia entre nuestra agenda y la suya). Yo hago la lista de la compra hasta por calles, con eso os digo todo. Es un vicio gestionar el tiempo, porque el resultado es tiempo libre. ¡¡Sí!! Tiempo para mí. Eso sí, cuando las vikingas eran pequeñas me costaba mucho más, pero eliminaba actividades que me aportaban poco y que ahora conservo (no veo la televisión, solo una serie por la noche o peli el fin de semana; oigo la radio mucho y voy guardando artículos, que veo y no puedo leer en ese momento, en una aplicación para cuando tengo que esperar o tengo algo de tiempo).

Gestiono todo sincronizando la agenda en el teléfono, portátil y equipo fijo, y me encanta mover las cosas de lugar y día, porque, ¿sabéis lo más guay?, la sensación de poder que me inunda al tener controlado lo importante y dejarle al cerebro más espacio (para la belleza, por ejemplo :)).

Leed mucho sobre gestión del tiempo o id a cursos, y vuelvo a lo mismo: aplicaciones mágicas del teléfono que te ayudarán.

 

Y termino este artículo recordándonos que es vital trabajar el espíritu, queridas damas, para prepararlo, os dejoeste precioso tema en voz de Buika (ay, lo que me gusta).

“Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
Que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo.”

 

 

(Un agradecimiento especial a Sara Pérez Blázquez, del equipo de IOR Consulting, que me pidieron unas líneas para un artículo sobre emprendedoras y me inspiraron en el tema).

Soy Yolanda Sáenz de Tejada y Vázquezdemimadre, experta en visibilidad femenina, escritora, conferenciante y empresaria. Mi misión es que tú, que me estás leyendo, alcances la visibilidad que deseas y que necesitas para conseguir tus objetivos, pero, sobre todo, mi misión es que sientas y te emociones cada vez que visites esta páginas.

Categorías: Visibilidad y Marca personal | Poema de Lunes | Pellizcos de Ternura | Mi Zorro

2 Comments

  1. MARIA JESUS CARBALLA DOMINGUEZ dice:

    Orgullosa de haberte conocido en Empresarias Galicia. Necesitamos más gente como tú. Un beso

    • Yolanda Saenz de Tejada dice:

      Qué bonito, Maria Jesús, muchas, muchas gracias. Amanecer y ver este comentario me llena de dicha. Volveré por tu tierra en breve, estoy segura.

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