Poema de lunes: tierna tecnología en el asiento trasero del coche

Ella se quitaba

la camiseta con

pudor

(bueno, eso era

sólo al principio).

 

Él organizaba

la tecnología:

vuelca el asiento

atrás,

ten cuidado con

la palanca de

marchas y

ponte sobre

mí, que

estarás más

cómoda.

 

Las linternas

de la guardia

civil

les bajaron

el radio del iris y

la libido:

chicos,

es peligroso

este sitio,

les dijo

el del

bigote.

 

Y ella,

medio desnuda y

con esa ternura

que siempre

lo desarmaba,

le preguntó

desvergonzada pero

niña:

¿me puede

usted indicar

(por favor)

un carril

más seguro

por aquí?

 


Este poema tiene una historia detrás de esa hermosa historia… en casa de unos amigos, una de esas noches bellísimas que ya sabemos que no se volverán a repetir, porque la vida nunca te trae lo mismo dos veces. Esa noche, recordando momentos tan tiernos de juventud en los olivares de Jaén, en esos carriles llenos de te quiero y de parejas escondidas en sus coches plantando amor y saliva.

Y esta anécdota final me pareció tan bella que quise contarla a mi manera, como usuaria también de ese amor furtivo :).

Que tengáis un bellísimo amanecer de semana. Yo lo hago desde Santander, la ciudad del norte que me abraza y me acoge.

Os dejo uno de mis temas favoritos de hoy, que me lo pongo muchas, muchas veces (no imagináis lo pesada que soy). Es la banda sonora de El Embarcadero, de Travis Birds (me flipa).

“Te vas, y como los perros de caza rastrean su presa, yo corro detrás…”

 

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