Laura, querida hija (que diga, Isabel)… Carta a las madres de Laura Luelmo. Ni una menos.

Laura, querida hija (que diga, Isabel)… Ni una menos.

Carta a las madres de Laura Luelmo. Es decir, a todas las madres.

 

He recogido a mi vikinga mayor esta mañana, martes, en el aeropuerto de Málaga, después de 3 meses sin verla.
He llorado al verla, de emoción (como lloramos las madres por amor y por ese placer/dolor que se nos instala en las costillas cuando pensamos que ya está a nuestro lado y que así es más difícil que le pase algo (craso error)). Después de devorarla con abrazos, he pasado el día con ella, derrochando ternura por las calles de Sevilla antes de dejarla con sus amigas.

Durante todo el día la he mirado de manera diferente, porque en su cuerpo, sus gestos y su corazón veía a otra chica casi de su edad que hoy ya no estará con sus amigas, sus padres o su novio.
Que no podrá enviarle un mensaje a su mejor amiga, ni elegir el vestido de Nochevieja con su madre. Ni siquiera volver a casa por Navidad.

Y la he mirado intentando reventar el miedo que me arrasaba la sangre y los huesos, hasta dolerme a mí misma. Igual que os estaréis doliendo hoy todas las madres del mundo.

Pero no voy a tener miedo, os lo juro, porque el miedo nos hace débiles y es lo que ellos necesitan (los monstruos que han vigilado nuestros sueños de hembras toda la vida y a los que se refería el retuit de Laura que pongo abajo).
No voy a impedir que mis hijas vayan solas y que sean libres, porque muchas mujeres han dado su vida por nuestra libertad y se lo debemos. Yo, se lo debo.
No voy a parar, a vuestro lado, de luchar porque esto termine y no voy a consentir que un hombre abuse de su machismo verbal o físico con una mujer delante de mí, la conozca o no.
Pienso actuar. Ni una más que tenga miedo.
Ni una menos.

No voy a permitir que hombre o mujer critique a una chica porque lleve la falda corta y que diga que eso incita a que los hombres liberen su instinto animal. Nosotras también lo tenemos y los respetamos, además de dominarlo.
Pienso actuar. Mucho más que nunca, y quiero que mis hijas también lo hagan, que abanderen esta forma de vivir en Libertad y sin miedo.

Quiero a mis hijas sin miedo, valientes y abanderando, a mi lado y el vuestro, esta vida (que no muerte), esta paz (que no guerra), y que ellas también le devuelvan la dignidad a tantas mujeres que andan escondidas y no denuncian por miedo. Sin extremismos, pero implacables y unidas.

Laura Luelmo podría haber sido una de mis hijas y tengo que recomponerme esta noche para saber qué les digo a ellas, porque no podemos permitirnos que nos arrase el miedo. No.
Hombres y mujeres que me leéis, proteged a nuestras niñas y mujeres y hacedlo desde casa, callando voces machistas y dándole alas a vuestras hembras niñas para que salgan a la calle a gritar que son libres y que es su vida (y la nuestra).
No permitáis que el miedo las paralice. Que nos paralice.
Dadles información y que sean prudentes, pero sobre todo, que abran los ojos a la Libertad. Que no se callen y que se ayuden unas a otras a ser libres.
Animadlas a que creen redes de apoyo en los institutos y en las universidades; a que le den voces y apoyen a otras mujeres que luchan por la igualdad, independientemente de su ideología política, porque si en algo estamos de acuerdo es en que todas las mujeres queremos volver vivas.

Educadlas para que nos callen la boca si nosotros, los adultos, miramos a alguna mujer que vaya con escote o pensamos (solamente pensar) que ella pudo tener la culpa en incitar a que un hombre le diga algo. Educadlas para que nos regañen, para que luchen por sus amigas y por ellas mismas.

Tengo tanta rabia dentro que la voy a frenar, porque sé que no podemos dejar entrar el odio ni el rencor.

Tenemos que pensar y actuar.
Actuar y no olvidar jamás.

Querida Laura, Isabel, Marta, Rocío, Elena… somos todas iguales, solo nos cambia el nombre y no estar en el lugar adecuado, no lo que hacéis. No depende de nosotras, sino de ellos.

Que las leyes y la sociedad nos protejan, que nosotras lo hacemos muy bien. Y recordad que no somos culpables, sino víctimas.

 

YolandaMadre

 

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