Poema de lunes: mi Navidad infancia recuerdos
A la familia materna, que me han otorgado
la fuerza y el amor de lo invencible
Mi Navidad
duró
hasta los 25.
Mi Navidad
era viajar
de noche
(no recuerdo si llevábamos
el conejo y el perro)
hasta la casa
de las hermanas
de mi madre,
en la sierra
de Valverde del Camino
y entrar por ese
carril
desordenado y
embarrado
de preguntas.
Eran las risas
imparables
de mis tías y
mi madre,
mujeres
que amamantaban
hijos por doquier y
dormir de siete
en siete
mientras
nos mentíamos
toda la verdad
que nos cabía.
Mi Navidad
eran las mesas
interminables
preñadas
de marisco del tío Juan
y los desayunos
con zumo de naranja
recién exprimido
y leche de oveja
con pura nata.
Eran
mi padre y
el tío Pedro
con una flor
en el pelo
para reírse de ese amigo
que vino a verme
y las visitas
interminables y
festivas
de toda la familia
mientras merendábamos
tostadas en la candela.
Eran las batas
de guatiné,
el frío
del cuarto
de la leña,
y el Gaspar
hecho un golfo.
Los castigos
por mentir,
el vestido de Nochevieja
cosido entre todas
y las bajadas al pueblo
para ver a los chicos.
(Es curioso, pero no recuerdo
el árbol de Navidad).
Desde entonces,
nunca son Navidades.
Pueden ser Nochebuena,
Nochevieja o Reyes,
pero nunca abarcan
la palabra entera.
Lo siento,
hijas mías,
no os podré regalar
esos mismos recuerdos.
(Inédito, del 2015)
Es mi último poema de lunes de este año.
Recordaba que lo tenía escrito, pero no lo encontraba y al volver a leerlo me he emocionado porque siento exactamente cada verso como si lo acabara de escribir.
Durante años pensé que la Navidad era una fecha, pero en realidad era esa casa en el campo con olor a eucalipto y el zumbido de las motos desde que nos levantábamos y nos íbamos al campo a montarlas.
De la candela siempre encendida.
De las regañinas para mantener un poco de orden con 14 chiquillos escapándose de todo.
Del frío del invierno
Del calor del amor.🫶
Con el tiempo entendí que todo eso no desaparece: se transforma. Porque somos los recuerdos bonitos que hemos vivido, y por eso es tan importante sostenerlos, dejar que prevalezcan. En la vida, en la empresa, en la familia: aprender a gestionar lo que dolió, sí, pero sin que eso eclipse lo que nos hizo bien.
Echo de menos a mi familia de Huelva constantemente. En el 2009 volvimos a juntarnos toda la familia en Los Pinos, en esa casa que le pone lugar a este poema. Las fotografías son de ese día.
Hay una canción preciosa de Rozalén que os quiero compartir, porque lo dice a grito íntimo: “yo quiero volver al cuándo, no quiero volver al dónde”.
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Coach en Visibilidad estratégica 360º
Mis conferencias y formaciones de alto impacto, que siempre comienzan con un poema mío, son sobre:
– Visibilidad femenina y protocolo profesional
– Productividad con inteligencia artificial
– Motivación
– Marca personal y redes sociales
📙20 libros publicados y como forma de vida: nómada digital y poeta.




2 Comments
Querida Yolanda, me ha encantado leerte. Lo describes tan bien y con tanto sentimiento que me parece estar allí. Yo he tenido la suerte de vivir algunos momentos inolvidables con tu maravillosa familia y siempre los guardo con mucho cariño.
Feliz Navidad y un abrazo enorme.😘❤️🌺
Mi querida amiga, no había leído este comentario. Qué bonito y qué grande verte.
Un abrazo enorme y muchas gracias