Ella se quitaba

la camiseta con

pudor

(bueno, eso era

sólo al principio).

 

Él organizaba

la tecnología:

vuelca el asiento

atrás,

ten cuidado con

la palanca de

marchas y

ponte sobre

mí, que

estarás más

cómoda.

 

Las linternas

de la guardia

civil

les bajaron

el radio del iris y

la libido:

chicos,

es peligroso

este sitio,

les dijo

el del

bigote.

 

Y ella,

medio desnuda y

con esa ternura

que siempre

lo desarmaba,

le preguntó

desvergonzada pero

niña:

¿me puede

usted indicar

(por favor)

un carril

más seguro

por aquí?

 

(“Poesía para directivos con alma, pero sin tiempo“, mi último libro)

 

**************

Una noche, de amistad y de luz, en casa de unos grandes amigos, alguien contó esta historia por la que más de uno habrá pasado :).

Yo solo la hice más nuestra, más tierna y con menos pudor.

Os dejo este temazo de Chavela Vargas que me puede de lo bonito y así comenzamos el lunes con mucho, mucho amor.

 

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