“pellizcodeternura” de un martes de fe, en el que tú crees en mí y yo en ti…

Te sentaste

en el quicio

de mi boca

una mañana de julio

como la de hoy.

Te oí respirar y

abrir los ojos

(y el deseo)

para acariciarme

a través del teléfono.

 

Y me susurraste

que me amabas

como el futuro

a su presente

más continuo.

Como solo tú

me sabes ofrendar.

 

Te vi

sentado

en mis labios

y con los años

escondidos

en el cubo de playa

de un niño

perdido sin mí.

 

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