poema de lunes: mi padre tiene -20 años. Poema para mi padre

Antonio Sáenz de Tejada. Padre de Yolanda Sáenz de Tejada

Mi padre tiene -30 años.

Contando con los muchos

que su cuerpo enseña,

le salen 90.

 

Y se indigna

si el banco

no le da un préstamo

a 20 años.

 

Se lamenta

de que la ciática

batida con el sintrom

no le dejan correr

el París-Dakar;

que la furgoneta

que le compró

aquel verano

al vecino alemán

llora plantada

en el jardín.

 

Mi padre

me enseñó

que la vida

te la remiendas tú,

igual que un bordado,

y que besar a la gente

con el labio hipócrita,

es pecado.

 

Y me inyectó

en la sangre

la letra excitada,

el ahorro

de enemigos

y la pasión derrochada.

 

Y un día,

cuando se vaya,

me enseñará

que la muerte

solo existe

para los que no aman.

 

(De mi libro, “Poemas desde mi ombligo”).


Vuelvo de ver a mis padres, por fin.

Durante estos tres meses, cada vez que llamaba a mi padre y le preguntaba como estaba (tiene 90 años), me respondía: “Hija mía, cada día estoy mejor. Vamos, un espectáculo como me trata tu hermana y cómo me siento”. Cuando colgaba, la mayoría de las veces lloraba y lo hacía por muchas cosas, pero, sobre todo, por la lección que me daba de agradecimiento a la vida.

Con 82 años se hizo, solo, el Transiberiano. Cuando volvió, derrotado, nos dijo que creía que era su último viaje de aventuras.

Y no, no está mejor cada día, porque ha de utilizar andador y le falla a veces el equilibrio, pero su cabeza tiene una capacidad de autoconvencimiento que me alucina. Está suscrito a dos revistas: De viajes y National Geographic de historia (siempre me insiste en que me suscriba) y sigue recibiendo el TPV para ver los programas de televisión.

Tiene los mismos hábitos cada día y duerme como un bebé, además de merendar leche con donuts (ahora dice que son muy sanos, cuando no nos los ha dado en la vida).

Intento no decirle los lugares que he visitado porque me avergüenza que 20 años después de haberlos visitado él, se acuerde de rincones y nombres que no recuerdo yo en unos meses. Su conversación es brillante y se pasa las horas haciendo solitarios de las cartas. De vez en cuando se levanta y sale al balcón a hacer su gimnasia de estiramiento para estar en forma.

Me admira infinito su capacidad de disfrutar días iguales pero con la gran diferencia de que los ha inventado él para sí mismo y me aferro a su lado pensando que cualquier día puede ser el último, ya lo creo. Aunque también puede ser el último mío, de esto soy consciente porque la vida es así de caprichosa.

¡Ah! y dice que mi poesía es verde y que la que él lee es mejor (nos sigue recitando poesía cada vez que nos ve. Eso sí, de memoria, como en el vídeo que veis abajo, que es un poema de su tía, a la que llamamos “la madrina” y que tenía el pseudónimo de Gracián Quijano, por eso de que era mujer en esos tiempos en el que nosotras no publicábamos libros)

Mi padre me enseñó que la vida te la remiendas tú, pero esto ya os lo he contado en el poema…

Buen lunes de poesía, damas y caballeros.

Bienvenidos a la ternura.

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