Cuando lo abracé,

le encharqué

el cuerpo

de flores.

Yo no quería,

os lo juro,

porque cuando eso sucede,

siempre es por amor;

y ninguno de los dos

estábamos preparados.

 

Pero las flores

no dejaban

de germinarme y

eran amarillas,

las favoritas de Gabo.

Así que supe

que era una señal

y me limité a

seguir brotándome y

abrazada

a ese hombre que,

expirando ardor,

comenzaba

a desnudarme.

 

Bendito polen el que

a la mañana siguiente

nos amaneció.

 

 

*****

Poema que vive en el principio de “Alquiler de Humedades”, el libro de poesía que acabo de publicar en Huerga y Fierro.

Este sábado, día 4, en la Feria del libro de Madrid, me encantará vuestra visita (llevo bizcocho de naranja 🙂 , que ya sabéis que la poesía también vive en la cocina…).

Nos vemos en la caseta más apasionada de la feria.

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