A veces,

discuto con mis hermanos.

Con los siete magníficos,

como nos llama mi padre.

 

Discutimos por verdades

como puños

(es decir, por mentiras

que abanderamos

como si fueran nuestra carne)

o por pecados

materiales.

 

Después,

cuando mi mayor

talento,

que es la memoria

selectiva,

se apodera de mi corazón

y de mi cerebro,

me siento torpe

y fea.

Ingrata y vulgar.

Porque sé

que por cualquiera

de mis tristezas

cada uno de ellos

levantaría

un ejército

para robármela.

Para que yo volviera

a sonreír

en nombre de la sangre.

 

El milagro

de la vida

es que ellos

piensan lo mismo.

 

 

(“Poesía para directiv@s”, mi nuevo libro. Más información, en la tienda de mi web)

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Buenos lunes, querid@s, feliz día del beso.

Este poema está en el capítulo de los valore de mi nuevo libro. Cada uno tiene unos valores y si no convives con ellos, si no los aplicas a tu vida, a tu trabajo, a tus amigos, estás en deuda contigo. Trabajar los valores es fundamental para que tu marca sea coherente y para que tú, seas lo que realmente dices que eres.

Reconozco que soy más fuerte porque tengo detrás a 6 magníficos que son el sostén más sólido que puedo desear. Ellos, mis hermanos, los culpables de que yo sea así :).

Que tengáis una jornada hermosa. Os abrazo desde Santander.

 

 

 

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