A mi abuela, gran mujer renacentista de traje de chaqueta azul intensidad, que hacía de cada instante y de cada persona un regalo para nuestra vida (y que me enseñó que la palabra protocolo era agradar a los demás siempre, de la forma más hermosa posible).
De mi abuela
recuerdo
casi todo:
su traje azul
que detonaba
el día,
o su pelo blanco
de helado de
nata
nevada.
El anillo con el
que golpeaba la
mesa y
sus ojos llenos
de mares y
de cataratas.
Cuando dormía
con ella
(qué pasado
más continuo)
le robaba
las galletas
inglesas de
mantequilla
que escondía
entre su
lencería de
Francia.
Mi abuela tenía
unas venas
transparentes
que
enseñaban,
sin pudor,
los cientos
de libros que
había leído.
Y a veces,
nos dictaba su
peculiar
historia de
esta España
quebrada.
De tanto querer,
a mi abuela,
le nació una
tromba en el
corazón que
le infectó
el alma.
Cuando se moría
(y yo a chorros)
le confesé
llorando
que le robaba
las galletas.
Ella,
sonriendo y
antes de dejarme
huérfana,
me dijo que
las ponía allí
para que yo
me las llevara.
poema que pertenece al capítulo de:
3. PROTOCOLO COTIDIANO Y ELEGANCIA
(NORMAS Y ACTITUDES PARA RELACIONARNOS DE FORMA SENCILLA),
del libro nuevo que acabo de publicar.
(La palabra «cotidiano» tendríamos que asociarla con algo muy positivo)
Coach en Visibilidad estratégica 360º
Mis conferencias y formaciones de alto impacto, que siempre comienzan con un poema mío, son sobre:
– Visibilidad femenina y protocolo profesional
– Productividad con inteligencia artificial
– Motivación
– Marca personal y redes sociales
📙20 libros publicados y como forma de vida: nómada digital y poeta.
1 Comment
Me encantó esa parte de las galletas (de la pérfida Albión como dice Reverte) y la lencería francesa (qué grandes enemigos en la historia, me has dado una idea 🙂 para un poema).
Mil gracias por escribir (y ser) así.
Un abrazo.