Por muchos, muchos, motivos, querida mujer de libertad en las venas,
últimamente te echo de menos cada día.
Conozco el motivo, pero aún no ha llegado el momento de gritárselo al cielo.
De mi abuela
recuerdo
casi todo:
su traje azul
que detonaba
el día,
o su pelo blanco
de helado de
nata
nevada.
El anillo con el
que golpeaba la
mesa y
sus ojos llenos
de mares y
de cataratas.
Cuando dormía
con ella
(qué pasado
más continuo)
le robaba
las galletas
inglesas de
mantequilla
que escondía
entre su
lencería de
Francia.
Mi abuela tenía
unas venas
transparentes que
enseñaban,
sin pudor,
los cientos
de libros que
había leído.
Y a veces,
nos dictaba su
peculiar historia de
esta España
quebrada.
De tanto querer,
a mi abuela,
le nació una
tromba en el
corazón que
le infectó
el alma.
Cuando se moría
(y yo a chorros)
le confesé
llorando
que le robaba
las galletas.
Ella,
sonriendo y
antes de dejarme
huérfana,
me dijo que
las ponía allí
para que yo
me las llevara.
yolandanieta
Coach en Visibilidad estratégica 360º
Mis conferencias y formaciones de alto impacto, que siempre comienzan con un poema mío, son sobre:
– Visibilidad femenina y protocolo profesional
– Productividad con inteligencia artificial
– Motivación
– Marca personal y redes sociales
📙20 libros publicados y como forma de vida: nómada digital y poeta.
4 Comments
precioso… sin palabras…bueno solo una
precioso
gracias, freddy, gracias…
Ternura y gratitud algo poco corriente en la actualidad. Junto a ello un vínculo de amor tejido entre ambas, con la generosidad y sabiduría de una adulta!!!! Bellísimo!!!!
Muchas, muchas gracias!!! hermosas palabras las tuyas para mi abuela y para mí 🙂
un abrazo enorme