Dame la mano, que te salvaré. Poesía.

Te enseñaré
de vinos
y te defenderé
de los bandidos.
Te nombraré
maestro
y te susurraré
poemas sin versos
al oído.
 .
Te amaré
violenta,
con la ternura
de una flor
(y en el camino,
cuando esté agotada
del infinito,
te convertiré
en mi redentor).
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Feliz jueves, queridos, hermosas las horas que nos amanecen correteando por las paredes aún vacías de palacio.
Por las bocas aún cerradas de muchos de vosotros, pero el corazón bombeando pasión.
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