Premios XII Certamen internacional de poesía Yolanda Sáenz de Tejada. El Bonillo. 2023
POEMAS PREMIADOS:
1 Premio, “Lesbos”, de Andrea Rodríguez Mijangos

La orilla devolviendo olas y muerte y amigos
y el dónde estará, el ruido, los pañuelos,
contando estampitas, cornisas:
¡Cabezas libres de cornisas infantiles,
de pueblos blancos bañados de negro!
Las hijas están aquí, bajo mi manta negra
duermen y sigilan sobre la tierra negra que
reverencia seca coyuntura:
Desato nudos y las manos heridas de dónde.
Pasa-porqués perdidos en algún mar sin fondo.
Recuerdo sobre la lona pies descalzos y frio seco,
arden en la cara las pisadas que rodamos
y que nunca serán rodadas hacia detrás.
Pero el delante es un monstruo con la cara borrada.
Esta noche no tiene nombre. Aún recuerdo
el nombre: Faizal Faisal Faiz Fasil Fasel
pero no le da una pizca de vida más que al resto,
huido, caído, durmiente, vivo chillándole al dios
que murió bajo la angosta noche oscura.
Entorno los ojos. Mañana nos quemaremos.
Mi oído en la tierra. Contra el ruido, contra el barro,
retumban personas sin identidad.
Me parece escuchar a mi padre, rezando.
Entre mis pestañas me parece sentir
el mordisco de una hormiga,
me parece trata de arrancar
lo que parece cortina de humo
de aquella villa con la faz borrada…
Me angustia la humedad que en mis sueños no existía;
me sumerjo de nuevo en un vaivén infinito
y desconcertante: tan azul, tan rojo el suelo
tan seguro y tan roto, y tan importantes
las tres: la pequeña tiene cinco
y extiendo mi palma, ya buceando contra el terreno
y oigo voces gritar de pánico.
(No sé si son las voces del ayer, de esta noche.
De mañana no son, que no sé contar mañanas)
Revisito esa ciudad sin nombre antes de entregarme por completo.
Mi cuerpo astillado dice adiós unas horas y con los primeros
rayos y mi chico en la tierra yo pongo los pies
y refulgen las lonas: nos recuerda que estamos vivas
lejos de casa
¡Φωτιά, Φωτιά!
Que significa fuego en lengua griega.
Qué significa fuego para un ahogado
que yace en el infierno, qué significa.
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2 Premio, “El peso de las tormentas”, de Sara María Nieto Yuste;

¿Y qué tal si les cuento yo de mí?
De mis décadas conteniendo vuestros sueños bajo mis abrazos de ladrillo y cemento, vuestro absurdo tiempo efímero.
Yo asisto muda a vuestra cháchara continua. Yo sostengo vuestras risas, vuestros suspiros y hedores.
Vuestros alientos fétidos por las mañanas y vuestros gemidos lastimeros por las noches en busca del consuelo fugaz del sexo.
Yo albergo todos los secretos.
Soy un ángel material invisible a vuestros ojos con las alas de piedra extendidas sobre vuestros cuerpos quebradizos.
Y no sabéis que apenas fui esbozo de una idea, plasmada en un trozo de papel, trazada de líneas anhelantes de vida, deseé ser fecunda,
engendrar en mi seno una familia.
Traía conmigo el aroma de la belleza y de lo nuevo.
No sabía aún del dolor, no sabía del gozo desesperado, ni del trabajo nunca recompensado de evitaros la lluvia del desamor o de los otoños, los vendavales de furia, el frío, el calor.
Ahora, después de tanto tiempo,
mi techo ya no aguanta el peso de las tormentas y el llanto cae como aguacero helado en las habitaciones de los hijos.
Pero no, yo nunca olvido.
Ni siquiera a los que ya se fueron.
Conservo el olor de las lágrimas, los lutos flotando en el aire del salón. Las cortinas como mortajas.
Sé que me abandonareis sin despedidas,
que seré olvidada como un cascarón de barco a la deriva en un barrio cualquiera
de la periferia de una ciudad sin nombre.
Lo siento en mis huesos cada vez más claro.
Sí. Os iréis. Todos. Uno a uno.
Pero yo no.
Yo permanezco
para guardar vuestra memoria siquiera en los cristales rotos de las ventanas,
siquiera en la pintura manchada de las paredes
o en las huellas imperceptibles de vuestras pisadas.
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3 Premio, “De entonces”, de Francisca Gata Amate.

Pasan las sombras del atardecer cuando el domingo
desfallece ante tus ojos
y el reloj marca aquella eternidad que fue caricia,
algo viene a anidar en el tiempo tabaco,
en la franela insomne que trata
de arrancarse las espinas,
en el cuerpo jabón deshecho entre tus manos.
No acuden las palabras, esos cascotes
de la desolación, esa saliva que hiede
a un otro espacio,
cómo pudo el amor ser solo en el pasado,
cómo pudo la noche,
cómo pudo ese día desgastar el comienzo.
La mentira final, ese paño de lágrimas,
qué solo tras el rito,
qué soledad de espejos, mal de muchos,
la noche es esa noche que te abraza despacio
con el abrazo hielo y el abrazo nostalgia
y el abrazo quimera con las gafas de luna,
hace paz de ginebra en los labios batalla,
qué desnudez de entonces,
qué tristes son las horas del no, nunca, jamás,
del siempre que fuera algún minuto,
y relames el dolor de un nombre en la garganta,
por qué llorar en silencio,
sin gritar, sin aullar que estás herido,
si así se desprendiera la aflicción de tu cráneo,
si la angustia clavara la puerta que fue ausencia,
ya la noche, sus ramas, su avenida, su puente,
su otro mundo,
se arrodilla ante ti, esclava de tu empeño
en recordar distancias, azote de la pena,
en sentir la memoria como algo que lamentar,
como otro paisaje, muy próximo a la piel,
como efímero relámpago.






Coach en Visibilidad estratégica 360º
Mis conferencias y formaciones de alto impacto, que siempre comienzan con un poema mío, son sobre:
– Visibilidad femenina y protocolo profesional
– Productividad con inteligencia artificial
– Motivación
– Marca personal y redes sociales
📙20 libros publicados y como forma de vida: nómada digital y poeta.




