Entrevista a Yolanda Sáenz de Tejada: liderazgo femenino, autenticidad y alegría. Antonio Tomasio

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Este sábado tengo el gusto de compartir la entrevista a una mujer valiente. Con Yolanda nos conocemos desde hace más de una década. Y hay un detalle bonito: uno de mis personajes en mi novela «Las princesas olvidadas» la lee. Así que Yolanda Sáenz de Tejada tenía que estar en este 2026.

Os dejo con ella.

 

1.- Tu escritura transmite una sinceridad poco común. ¿De dónde nace esa forma tan directa y emocional de expresarte?

Nace de lo que siento. Cuando era joven me diagnostiqué una enfermedad a la que le puse nombre: «la enfermedad del sentir».

Siento tanto que necesito escribirlo. Cada poema me abraza, porque me costó muchísimo poder expresar lo que me removía por dentro y quería contar. Ahora tengo el oficio: igual que un pintor expresa y refleja en su cuadro lo que tiene en sus ojos, yo hago lo mismo con la poesía: reflejo lo que tengo en el corazón.

Como me escribo para mí, sería un disparate no ser sincera.

 

2.- ¿Cuándo descubriste que la palabra podía ser refugio y, al mismo tiempo, herramienta para enfrentar al mundo?

Muy joven; te diría que muy niña. Necesitaba contarme, necesitaba expresarme, porque era tan diferente al resto de mis amigas que esa rareza me producía mucha soledad. Así que la escritura se convirtió en mi mejor amiga.

Cuando era niña tenía un diario. Había leído el diario de Ana Frank, que se llamaba Kitty, así que me construí uno precioso: recorté con madera las tapas y le hice el dibujo de una niña con trenzas rubias escribiendo en un escritorio. Aún lo sigo guardando.

Me contaba absolutamente todo. Sobre todo, lo que sentía.

 

3.- Hay una tensión constante entre la belleza y la herida en tu poesía. ¿Escribir cura o expone?

Ambas cosas.

Necesito belleza en mi vida, cada día, a cada instante, y la palabra y el verbo me lo otorgan. Contar lo que duele es vital, porque con la belleza expulso la sinceridad. Así que me apasiona mezclarlas: es una antítesis constante, un ejercicio que me reta y que me parece fascinante. Mi poesía no tendría sentido sin ambas.

 

4.- ¿Cuál es el primer verso de tu vida que recuerdas haber sentido como tuyo, aunque no lo hubieras escrito tú?

Es de las que más rápido contestaría siempre. Yo escribo poesía porque leí a Ángel González, su poema «Me basta así». Cuando lo leí me quedé fascinada, fue un impulso inmenso; es como si hubiera descubierto una voz, y entonces comencé a querer escribir de esa forma.

Fue vertiginoso: como una obsesa comencé a leer poesía sin parar, descubrir poetas nuevos y, a la vez, a escribir. Recuerdo que en esa época las niñas eran pequeñas y a veces se asustaban porque me veían recitando en voz alta o leyéndoles poemas que no entendían para nada.

Tardé mucho tiempo en leer en público ese poema sin emocionarme, porque fue el origen absoluto de mi estado actual con el oficio de poeta.

 

5.- La autenticidad suele incomodar. ¿Qué momentos de tu carrera te han confirmado que vale la pena incomodar?

Ay, Antonio, esta pregunta es muy buena, porque realmente tendría que darle la vuelta y contestarte qué momentos de mi carrera me han confirmado que no hay que incomodar. Una de las herramientas que más utilizo y que más me han ayudado es decir no con elegancia, utilizar la diplomacia, porque me han ayudado a decir lo que quiero, lo que siento si me lo han preguntado o si me han incomodado y, sobre todo, a elegir mi vida.

Así que constantemente puede ser que incomode y lo siento mucho, pero creo que cuando una persona habla con el corazón, con empatía y asertividad, es muy difícil que te enfades con ella. Si aun así lo haces, el inconveniente ya no es de esa persona, sino tuyo.

 

6.- Has hablado muchas veces del amor propio y de la importancia de la voz femenina. ¿Qué parte de ese mensaje aún falta por conquistar socialmente?

El amor propio tiene mucho que ver con la educación que hemos tenido en el cuidado externo. Somos unas lobas cuidando y creando, nos pasamos la vida pensando qué necesitan nuestra familia, nuestras amistades, las personas que conocemos…

Sin embargo, apenas pensamos en nosotras, en qué necesitamos. Incluso cuando alguien nos ofrece ayuda, somos expertas en rechazarla. Es como si tuviéramos que ser fuertes y no mostrar vulnerabilidad.

Por otro lado, nos han criado para no levantar la voz, para agradar, para estar siempre perfectas porque no debemos ser ni respondonas ni llamar la atención. A las mujeres que han ejercido la visibilidad, bien con su voz o bien con su manera de vestir, las han llamado ambiciosas y frescas.

En esto he trabajado mucho, sigo trabajando y, además, mi misión es que las mujeres sean ambiciosas y frescas, porque eso sería hacer lo que ellas piensan, sienten y consideran que deben.

Por eso mis conferencias, los cursos de formación que diseño y mi trabajo como coach de visibilidad para mujeres profesionales se centran en trabajar primero esta autoestima para trabajar después tu visibilidad externa.

Por eso he fundado «El club de las Creídas», para que las mujeres crean en ellas. Para que se lo crean, por todos los demonios.

 

7.- Si tuvieras que elegir un escenario para escribir siempre, ¿sería una ciudad que late o un lugar silencioso que respira?

Esta pregunta, por más veces que me la hagan, siempre responderé lo mismo. Tengo el privilegio de tener una fábrica de emociones, el lugar en el que más feliz y salvaje soy: una casita preciosa en la aldea de 17 habitantes en la que estoy empadronada, en la alta montaña, en la Sierra de Segura.

Allí vivo una semana cada mes y medio y, si el año pasado estuve en julio y agosto, este año espero poder estar también la mitad de junio.

Es el lugar en el que escribo todos los poemas que escuchas y que lees. Allí escribo todos los libros y cada día, como subo a 1700 m en una ruta que suele durar una hora y media, aterrizo absolutamente todo lo que me ronda por esta cabecita.

Desde allí trabajo la ausencia de consumismo, porque no hay tiendas ni bares y lo más cercano está a 50 minutos por carretera de curva. Y allí naturalizo muchas de las situaciones que me pondrían nerviosa en otro espacio. Estar en contacto con la naturaleza y vivir con sencillez es para mí un regalo que me trajo la vida hace 14 años.

 

8.- ¿Qué papel juega el humor en tu escritura? Porque en tu mirada hay ironía fina, y eso también es una forma de resistencia.

Esta pregunta me gusta mucho, porque últimamente les digo a quienes quieren contratar una conferencia mía que, si no quieren que incluya el humor, no soy su conferenciante. El humor forma parte de mi vida diaria: me río sola (bueno, conmigo) y acompañada. La alegría es fundamental en mis libros, en mis publicaciones en las redes sociales.

Evidentemente, escribo sobre dolor, porque las personas lo tenemos y porque me gusta mucho hablar del dolor ajeno, además del mío, pero la ironía es algo que siempre admiré profundamente de Ángel González y que me encanta trabajar en los finales de mis poemas y en mis formaciones.

 

9.- En tus talleres y encuentros con lectores, ¿qué aprendizaje te llevas de ellos que no aparece en los libros?

Pues mira, lo primero que te diría sería la humildad. La humildad con la que me preguntan, con la que me escuchan.

La segunda, la generosidad. Por su tiempo, por haberme leído, por comprar mis libros, por venir a verme…

Trabajo mucho con lo que yo llamo «ego frito», porque tengo a mi madre siempre en la cabeza. Cuando era la corista de Luis Miguel y de otros artistas famosos e íbamos de gira por el país, cuando la llamaba, ella me decía: «no te vayas a volver tonta, como hacen muchas cuando salen en la tele», jeje.

Ella no sabe lo que me influyó esta frase y me condicionó. Para bien, por supuesto.

 

10.- Las redes sociales amplifican, pero también distorsionan. ¿Cómo gestionas la exposición sin perder la voz íntima?

Aquí tiene mucho que ver también la aldea y todo el trabajo que hago en mí. Es fundamental quitarme importancia. Sé que si estuviera dos meses sin aparecer en las redes sociales, las personas terminarían olvidándose de mí en su mayoría. Soy consciente de que el valor que aporto son las herramientas, la ternura y la alegría.

Las redes sociales me permiten trabajar en cualquier lugar del mundo, llegar a personas a las que jamás llegaría. Las llevo trabajando muchísimos años y las gestiono yo, sin ayuda, porque entiendo que quienes me siguen quieren oírme y leerme a mí. Son la herramienta que me permite hacer el trabajo que me apasiona y ayudar a las personas a que también lo hagan.

Sin embargo, es eso: una herramienta. No le puedo gustar a todo el mundo y comunico para las personas a las que aporto valor. El resto, procuro que no entorpezca mi misión.

De hecho, puedo presumir que las personas me dejan comentarios muy bonitos en las redes sociales. Eso me invita a mejorarme cada día, a saber que estoy en el camino adecuado y, por supuesto, a reconocer el trabajo que hago.

Soy una «Creída» porque creo en lo que hago y porque sé que mi esfuerzo consigue que las personas avancen.

 

11.- Si pudieras dejar una única línea como legado, una que te sobreviviera, ¿cuál sería?

La alegría, sin duda. De hecho, fue el detonante para vender mi empresa y comprar mi vida. En esos años en los que me echaba de menos a mí misma, que me levantaba y no tenía alegría, ahí fue cuando supe que no estaba en el lugar adecuado.

Fui consciente de que a mis hijas lo que les quería dejar como recuerdo era que su madre era muy alegre. Y fue un cambio en mi vida impresionante del que me siento muy orgullosa.

 

 

Antonio Tomasio, como él se describe en su perfil de LinkedIn, es escritor fotógrafo y camina y, por supuesto, cocina.

Aquí te dejo el enlace a su perfil PULSA AQUÍ

Aquí tienes también la entrevista en su newsletter de linkedin

La escritura como refugio y herramienta
Autenticidad, incomodidad y liderazgo femenino
Amor propio y visibilidad profesional
Humor, exposición pública y redes sociales
La alegría como legado

Sobre Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez

Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez es conferenciante internacional especializada en liderazgo femenino, visibilidad profesional y productividad con inteligencia artificial.

Imparte formación para empresas, departamentos de RRHH y concejalías de igualdad, ayudando a mujeres profesionales a fortalecer su autoestima y proyectar una presencia segura y estratégica en entornos directivos.

Es fundadora de El Club de las Creídas y autora de varios libros centrados en la autenticidad, la autoestima y la voz femenina.

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