Poema de lunes: amigos, se acabó el festín

A estas alturas

de mis huesos,

me duelen

las costillas

de tanto cargar

con la huída

de los que amé.

 

Culpable,

soy culpable.

Por eso

mis amigos

me abandonan…

 

Culpable

de amar

sin pedir perdón y

de abrazar,

con todas

mis fuerzas,

sin medir

las explosiones

de calor.

 

Culpable,

-también-

de abrir los ojos

para cerrar las manos

y estrujar con ellas,

hasta sangrar,

los momentos

infames que sufrimos

juntos.

 

Culpable,

-como no-

de no calcular

mi emoción

ni mi risa,

abriendo

mi alma

como una imbécil

sin prisa.

 

Y culpable

de traición

a mi propio lomo

de mujer arco,

que tensa

sus venas

en cada batalla

perdida.

En cada desprecio

ajeno.

 

Y ahora,

amigos

que aún roéis

mis sobras

de amor,

lo siento,

recojo la

mesa

y

el

corazón.

 

 


Este poema lo escribí hace tiempo, porque nos enseñaron a morir de amor, pero nadie nos habló de morir de amistad, algo que es más valioso y eterno que cualquier demostración de plenitud.

Es un brindis a la amistad, a la que llega y a la que se va, porque esa es la vida y así hemos de aceptarla. Lo que realmente nos salva es que si hacemos daño, que no sea queriendo, sobre todo, por amor hacia nosotros mismos, porque eso sería imperdonable.

¡Feliz lunes!

Aquí os dejo este temazo, de El Cigala y Andrés Calamaro: “Yo tengo tantos “hermanos que no los puedo contar”. Gente de manos calientes, por eso de la amistad…”. Temazo para comenzar esta semana.

 

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