¿Practicas el amor incondicional? ¿Y el amor profesional? Claves para trabajarlo

El amor incondicional no es amar a alguien por encima de todas las cosas, no, sino hacerlo en sus virtudes y en lo que nosotros decidimos o catalogamos como ”sus defectos”.

Esto lo aprendí hace algunos años de Elsa Punset y lo reviso cada vez que a alguien le exijo algo (sí, exijo, porque, “en nombre del amor”, no nos damos cuenta de lo mandones que somos a veces, o de lo que juzgamos, que es peor).

El verbo amar, para mí, no está supeditado a una pareja, sino a una forma de entender la vida; de relacionarte con los demás. Cuando hablamos de marca personal y de las herramientas para trabajar la visibilidad, lo deberíamos incluir para que nos asocien a él. Si no le tuviéramos tanto miedo a esa palabra y algunos hombres no pensarais en ella como en “cosas de mujeres”, la utilizaríamos en cada uno de nuestros gestos, objetivos y relaciones.

A veces confundimos el amor con la bondad o con ser el típico “lela” al que todos le piden cosas. Nada más lejos de mi teoría amatoria. Es más, me considero casi experta en egoísmo positivo :).

Me encanta impartir el módulo al que llamo “Networking efectivo basado en el amor profesional”, sobre todo, porque me va eso de provocar y ver la cara de la gente cuando, en su lenguaje no verbal, piensa: a ver esta de lo que nos va a hablar ahora…

Resumo este estado profesional como el camino para monetizar tus pasiones, pero siempre con los valores fundamentales de la comunicación, que ya sabéis que se resume en escuchar a los demás y ocuparte de ellos haciendo lo posible para que te entiendan a ti.

De todos esos valores, hay tres que, para mí, son fundamentales y que intento aplicar cada día, profesional y personalmente, además de repetirlos en los libros, conferencias y cursos de formación que imparto. Con ellos, mis relaciones alcanzan un grado de satisfacción personal del que me siento muy orgullosa.

Os lo cuento:

1/ La generosidad:

Ya sé que la palabra está muy utilizada, pero es necesaria para que admitamos que nuestra forma de querer no es la misma que la de los demás y que hemos de aceptarlos en “sus defectos” que, por otro lado, pueden ser virtudes para otras personas.

No nos olvidemos que lo que nos molesta de alguien puede ser su punto fuerte delante de otro público.

Recuerdo cuando era muy joven que, con todas mis ganas y los contactos que comenzaba a tener, ayudé a una amiga a montar una pasarela de moda en muy poco tiempo. Creo que me pasé de entrega, porque en un momento dado, ella me dijo: lo siento, Yolanda, pero no te he pedido ayuda, ya sé hacerlo yo solita… Reconozco que me dolió muchísimo y empecé con todo ese rollo barato de: encima de lo que la he ayudado, que he dejado yo lo mío sin hacer… bla, bla, bla.

Ahora, a estas alturas de mis arrugas, reconozco que mi forma de ser, tan entregada, mientras para algunos es excesiva, a otros les fascina y me quieren más por ser así; con lo que procuro estudiar mucho sobre lenguaje no verbal y no me ofrezco sin tener claro que esa persona quiere que le ayude o lo cuide a mi manera. Tanteo antes de lanzarme a pecho descubierto y, aún así, me equivoco muchas veces.

La generosidad, también, para escuchar y entender su punto de vista y, sobre todo, para darle a la persona que amamos (hijos, pareja, amigos, compañeros de trabajo…) la oportunidad y las herramientas necesarias y a nuestro alcance para crecer a nuestro lado, aunque nos muramos de miedo pensando que ese crecimiento lo va a apartar de nosotros (o nos va a quitar el puesto, en el tema profesional).

 

2/ La humildad:

Imprescindible para que admitamos que nuestro punto de vista no es siempre el correcto. Ni siquiera hay un punto de vista único y diferente, sino mucho. Depende de nuestro paradigma.

La humildad para recibir lo hermoso que otra persona nos da, personal o profesionalmente

No juzguemos lo que nos ofrecen, comparándolo con lo que nosotros daríamos. Aceptémoslo como un bien que nos llega. No lo juzguemos. Ya sé que es difícil, pero pensemos que hay personas a las que dar los buenos días les supone muchísimo. Vamos a recibir sus pequeñas o escasas muestras con la misma generosidad con la que ellos reciben nuestra alegría. Trabajar en esto me ha ayudado muchísimo a descubrir pequeños gestos que he ido recibiendo como algo infinito.

Aquí, de nuevo, entraría en juego el agradecimiento excelente, ese término que utilizo y del que tanto me gusta hablar, que es buscar en los demás motivos para agradecer, pero no el motivo inmediato, sino aquél que hace que te sientas importante. Por ejemplo, si te invitan a una cena, agradecerás que lo hayan hecho, pero hay muchos detalles que no valoras, como el tiempo que ha invertido cocinando para ti; cómo ha decorado la mesa; que haya puesto esa bebida que te gusta… eso es lo que tienes que agradecer, porque eso es lo que te va a hacer sentir especial para la otra persona.

 

3/ La sinceridad: Ojo, que esto no significa que tengamos poder para decir todo lo que pensamos, porque no todo vale. Decir lo que realmente piensas cuando nadie te ha pedido opinión porque te molesta su forma de ser o porque piensas que así ayudas a los demás, puede ser inapropiado e ineducado si no pones cuidado.

La sinceridad es hablar con el corazón. Si algo te molesta de una persona a la que estimas, díselo, pero con empatía y mucho cariño, con buenas maneras y dándole la oportunidad a que rectifique si eso es lo que quiere, o a que te explique qué sucede (que a veces culpamos, en lugar de esperar una justificación).

Hay algo muy importante, y es que la mayoría de las situaciones que nos molestan, si no las decimos, les quitamos la oportunidad a las personas de que las rectifiquen, o de que nos ayuden a entenderlos. Si nos las callamos, hacemos una bola dentro y luego, cualquier día, saltamos.

Ojo a las mujeres, que se nos da muy bien eso de que los demás adivinen lo que nos pasa en lugar de contarlo. Y no, no demos nada por hecho, la comunicación es un trabajo bellísimo que hemos de entrenar cada día porque nos acerca no solo a las personas, sino a compartir objetivos con ellas.

La sinceridad es vital para que confíen en ti, porque una persona sincera es alguien en quien puedes confiar, y la confianza, en el mundo profesional, es uno de los valores más demandados y escasos.

 

No olvidemos que una cosa son los roles que ejercemos cada día (madre, padre, compañero de trabajo, jefa, amigo…) y otra, tú, con tus valores y tu misión. Tú has de ser siempre el mismo, independientemente del rol que ejerzas. Para ello, es vital la autenticidad y la coherencia.

No hay nada más hermoso, en este mundo de redes y donde el postureo no sirve para nada, que te digan que eres exactamente igual que te han imaginado al leerte o verte en las redes sociales. Por eso es tan importante trabajar la visibilidad humanista.

¿Practicamos el amor incondicional y el profesional? 🙂

 

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www.yolandasaenzdetejada.com

 

 

 

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