Cómo gestionar la rabia. Coaching y pura vida.

Yolanda Saenz de tejada poeta mujer motivadora

“la rabia es la más seductora de las emociones, pues tiene el poder de proporcionarnos una enorme energía que, adecuadamente canalizada, es capaz de cambiar nuestro mundo”.

(Muki Palacios leído en el blog de Juan Carlos Cubeiro)

Quería escribir sobre este tema porque se ajusta muy bien a algo que me sucedió y que hizo florecer en mí una situación en la que, primero, me sentí pequeña, pero, después, con una gestión adecuada de las emociones, me torné poderosa, revitalizada, con ganas; con muchas ganas… (te preguntarás que ganas de qué, jeje, pues de vivir, de seguir avanzando en mis proyectos, de saltar y brincar, porque cuando te vienes abajo, pierdes energía, alegría y te repites esto tan manido: “pero qué tonta, soy. Pobrecita de mí…”).

Me habían hecho una “putada” (podría decir una faena pero no, ese es el nombre perfecto) y se instaló en mí una gran pena. No podía creerlo, aparte de pensar que no lo merecía. Me decía mil veces que la amistad tiene unas normas éticas y que debería ser pecado saltárselas. Sobre todo si no te dan la oportunidad de explicarte el porqué a la cara, sino por un mail).

(Esto debe ser un vicio, porque no es la primera vez que me sucede.)

Apelé a todos los mantras posibles: Yolanda, algo vendrá mejor; si ha sucedido es porque tenía que ser; cuando algo negativo entra, aprieta y arrastra todo lo feo; seguro que era necesario…

como gestionar la rabia

Pero no, por todos los demonios, no, ahí no me funcionó.

Al cabo de los días me di cuenta de que me habían fastidiado bien y que los mantras solo servían para calmarme a ratos (que ya es algo bueno, pero no suficiente para mí, que soy experta en vaciar mochilas).

Una mañana, mi vikinga mayor, algo atónita por el caso, me preguntó: mamá, tú crees que esa persona se sentirá bien con lo que te ha hecho, que estará en paz…?

Y no supe contestarle con seguridad.

No.

No supe.

Creo que no, mi amor, que llegará un día en el que pensará que yo pagué un precio excesivamente alto por su orgullo, le contesté.

(Y me sentí muy, muy dichosa de que se hiciera esas preguntas).

Entonces, después de unos días (o meses, que yo con el tiempo soy bastante nefasta porque soy de las que pienso que no existe, que lo creas o revientas tú), sentí lo mejor de lo mejor y se lo verbalicé a una gran amiga:

ya no siento pena, siento rabia, que es más útil.

La rabia me permite avanzar, no esperar. La rabia es energía y si la canalizamos positivamente, es brutal. Activa la creatividad y piensas: ese se va a enterar de quien es esta rubia… 

Y entonces, esta rubia va y se olvida de la “putadilla” (ya ha cambiado de grado y termina en illa), que estaba ahí, anclada, y se dispone a crear proyectos más grandes y, sobre todo, diferentes. No deja que el odio o el rencor hacia esa persona la deje anclada y con el cerebro ocupado en pensar en negativo, sino que comienza a soltar para superarse, para situarse en esa escala superior desde donde ignoras a la persona que te ha dañado porque ha dejado de tener efecto sobre ti.

Desde donde la ves inferior a ti por cómo se ha comportado y, además, no te ha dado la oportunidad de explicarte o, en el caso de haber hecho algo negativo, de pedir disculpas. 

Y este estado no va en contra de nadie, no, va contigo misma, empujándote para luchar y construir futuros nuevos.

Y me sentí tan bien…

Así que al leer a Muki, me estaba leyendo a mí.

¿Qué tal una pasadita al corazón, a quienes me leéis, para limpiar de malos rollos algún recuerdo… ? Os leo en comentarios.

Gracias por leerme

www.yolandasaenzdetejada.com

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