Si tú me llueves yo nazco trébol de cuatro hojas…

Siempre nos estamos lloviendo.

Con tanta piel no hay forma de amarse en paz.

Siempre me traes, bajo las ingles, un ramillete de vientos del sur.

No,

tu y yo no seremos desierto.

Nosotros nunca nos secamos.

 

La culpa la tienen tus abrazos, que son capaces de alimentar todos mis volcanes apagados y de brotarme hasta las semillas podridas de mi niñez.

Hombre, tú te plantas delante de mi carne y extiendes tus brazos, como si el barco (yo) hubiera llegado a un acantilado y le negaras el paso.

Como si tus labios fueran el bar más cercano para un alcohólico.

Y me abrazas.

Y me pierdo.

Maceta seca empapada por tu agua.

 

 

 

*****

Así un jueves, sí 🙂

feliz día, feliz mañana que hoy me llevará a la tierra prometida, al abrazo de la madre que me parió y a la playa donde el agua sana cualquier improperio emocional. Apenas estaré unas horas pero suficientes para sentirme viva; muy viva.

Que tengáis una preciosa “hornada”

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