WhatsApp te revienta la relación y no lo sabes. Cómo seducir personal y profesionalmente. Cómo utilizar WhatsApp en una relación
Wasap te revienta la relación antes de vivirla.
Sí, lo repito, así de duro y de poco carnal (porque tiene narices que termines una relación por un mensaje cuando, a veces, no has llegado ni a oler la piel de esa persona…).
Voy a explicarme mejor y aclarar el porqué de este post o me vais a dejar de leer, aunque algo me dice que ya intuís mi tema de hoy :).
Llevo 6 años estudiando y observando las relaciones emocionales y amatorias a través de las redes sociales y diferentes plataformas de con-tacto (así me gusta escribir esta palabra, así lo tengo en mi web, con ese guion entre medias tan sutil pero tan decisivo).
No voy a entrar aquí en la forma de transmitir, emocionalmente, del hombre y de la mujer que, evidentemente, es distinta, en gran medida por la educación diferente que hemos recibido.
Hablo de que el 80% de nuestra comunicación diaria (ojo con el dato) es a través de las diferentes redes sociales, en las que incluyo mail, whatsapp (telegram y, por supuesto, los diferentes estados en el que las personas descargan su odio o su grandeza).

Vamos a recordar el principio de seducción, porque es imprescindible en nuestra vida, tanto personal como profesional.
Seducir es dejarse descubrir poco a poco, con la ilusión por bandera y con la intriga como aperitivo.Con el misterio rondando.
- Es hacer más preguntas y contestar menos (por la grandeza de que la otra persona se sienta importante).
- Escuchar y mostrar atención a la otra persona, sin estar escribiendo en el móvil o en el ordenador mientras hablas por teléfono (que sepáis que se nota).
- Sonreír mucho.
- Inspirar confianza (para eso, has de confiar tú también).
Seducir es sorprender a la otra persona. Es currarte la diferencia para que seas el o la elegida (al igual que pasa con la seducción profesional, algo que me apasiona impartir en mis cursos y conferencias).
Seducir es que te vayan descubriendo y que observen que tu mirada es especial o que huelas a ternura o a pasión o que, incluso, dejes las cosas tan claras que la otra persona sepa que no puede jugar contigo.
Seducir es un verbo útil y necesario en nuestra vida, porque cuando ya conoces todo lo que la otra persona te puede ofrecer, o anticipas lo que te va a contestar (os suena esto de: no se lo cuento porque ya sé lo que me va a decir), comienza a perder interés para ti. En primera persona: dejas de seducir.

Hoy estamos reventando, en la mayoría de las veces, los periodos de seducción gracias a la utilización inmediata y masificada de la sorpresa y de las redes sociales.
En el amor, igual que en una negociación profesional, no puedes entregar toda la información de golpe y a todas horas.
No debes, vamos…
Vamos a verlo en directo:
Os presento a Carmen, que es morena y le encanta el chocolate negro. Conoce a Manuel a través de Tinder. Modelito calvete, pero con pinta de divertido, que es lo que ‘le pone’ a ella.
Se gustan, los perfiles coinciden y comienzan a enviarse mensajitos en ese proceso de seducción tan necesario para probar. Para ir enseñando la patita POCO A POCO.

Pero… ¿qué pasa? que tenemos wasap, claro, y es tanta nuestra necesidad de compartir por eso de que tenemos, científicamente, todas las neuronas revolucionada (aparte de vivir en una sociedad que, cada día, se siente más sola), que nos emocionamos y le empezamos a enviar mensajes a cada momento. Con respuesta, claro, si de medir se trata…
¡¡¡Ohhhh… y sucede la magia!!! A las 24 horas sentimos que esa persona nos entiende como si nos conociera de toda la vida, “por todos los demonios, justo lo que yo necesitaba” (aparte de todo eso de: “es la primera vez que siento esto así de rápido, Carmen” o: “Manuel, es que es como si me conocieras de siempre, no dejo de pensar en ti…” o, casi al unísono: “Llevaba mucho tiempo sin entrar en Tinder y es un milagro que aparezcas tú…”.
A los tres días le hemos contado a esa persona hasta el menú semanal o los problemas de peso que tenemos.
¡¡¡¡Y aún no la hemos conocido!!!!
Hemos pasado de enseñar la patita poco a poco a aparecer de pronto en el salón de su casa y con las piernas sin depilar.

Y, por supuesto, con una esclavitud hacia una aplicación móvil que, la muy canalla, te va chivando si esa persona se ha conectado de nuevo, cuando a ti te ha dicho (con su mejor emoji) que estaba en Londres de viaje y sin datos o, peor, cuando te ha dicho que ya no iba a volver a entrar en esa red porque te había encontrado a ti, al hombre más fantástico del mundo mundial (lo mismo que le has dicho tú, claro…)
Y claro, ahí está tu realidad, echando humos y pensando cada vez más en negro… Venga a pensar, venga a obsesionarte y a poner verde a ese tipo que crees que te miente, pero que aún no sabes si le huele el aliento o no porque habéis quedado, por ahora, y lleváis de “relación” 4 días.
O, en el caso de que hayáis quedado, sucede, por norma, lo mismo, que enviamos o recibimos 1.500 mensajes a la semana donde contamos tanto de nuestra intimidad, de nuestra madre, nuestra amiga o nuestro jefe, que la tipa o el tipo se va acostumbrando (sinónimo de aburrimiento) o, algo peor, comienza a controlarte en nombre de esa unión: “anoche estabas conectada a las 12, deberías descansar más”.
O a tener una bronca antes de verte por primera vez porque, claro, como no te conoce aunque cree que sí (o al revés, que yo ya me estoy liando y agobiando con este control), le molestan tus palabras escritas que interpreta como le da la gana (madre mía, esto pasa tantas veces…).

Damas y caballeros, sucede.
Estamos saltándonos el proceso más humanista que tienen las redes, que es utilizarlas para acercarnos; pero no para atosigarnos, ni para controlarnos, ni para olvidar que lo que realmente se llama amor se basa en un conocimiento de la persona, no de sus letras.
Y lo dice una escritora, que conoce el valor infinito que tiene una frase bonita y lo que puede conseguir con ellas; pero tu mejor marca, tu mejor versión, tu mejor poema, eres tú, en cuerpo y alma.
No revientes una relación por whatsapp antes de vivirla, no le des ese poder a una máquina, porque esa persona puede ser maravillosa y la estás sacrificando.

¿Mi aprendizaje?: mitad y mitad.
Necesito ver, oler, tocar, escuchar… Y después, apoyar con las palabras.
La intuición se anula si no la entrenas. Hace 4 años eliminé Whatsapp de mi teléfono y utilizo el sms (que va genial) y el mail (que es súper bonito que mandes un mail diciendo te quiero a una amistad o a tu hermana mismo).
Curiosamente, a todo el mundo que le digo que no tengo, me responde lo mismo: qué maravilla…
No, no llamo mucho, pero tengo un lista para hacerlo cuando viajo y me fascina descubrir cosas nuevas en las personas a las que amo.
(Este post lo comencé hace 5 años y sentía la necesidad de reescribirlo, sobre todo, por la felicidad de haber eliminado esa necesidad de sentirme escuchada a través de un teléfono y una aplicación.
Gracias por leerlo)
Fin.
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📙20 libros publicados y como forma de vida: nómada digital y poeta.

Coach en Visibilidad estratégica 360º
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