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Yo no quiero tu guerra. No soy tu contenedor tóxico.

Libertad: ese instante que existe entre el estímulo que recibes y la respuesta que emites.
Libertad: decidir con quién estás y a quién le dices que no.

No somos el contenedor de mal rollo de nadie, ni de sus malas maneras o negatividades.

Hace ya mucho tiempo que no gestiono los conflictos de los demás ni los hago míos. Esos son suyos. Pertenecen a su patrimonio emocional.
Y… ¿lo mejor?, que se lo digo abiertamente. Con cariño, con seguridad: “lo siento, tú estás enfadado, pero yo no. Ni vas a conseguir que me enfade ni me vas a robar los momentos hermosos que hemos pasado juntos. Esos son míos y me los quedo.
(Es verdad que la gente te mira como si hubiera bajado o buda o una loca, pero el resultado es que a mí me va genial).

También es cierto que me ha alejado de personas que no han entendido que no luche por sus motivos o con sus armas; que les diga mi verdad, por qué no quiero entrar en discusiones absurdas o críticas haya otros, pero esa, también, es su libertad, alejarse.
En nombre del amor, abusamos de situaciones y de personas. Como eres mi amigo, has de estar a mi lado en una pelea con alguien (aunque no lo compartas); como eres mi pareja, me has de defender de los que yo creo que me agreden. Como eres mi hijo, tengo el derecho de hablarte mal de algunas personas y meterte el veneno en el cuerpo…

No quiero personas así en mi vida, lo siento. De vez en cuando recibo la llamada de alguien que me dice que aquel al que tanto queríamos se ha ido de este mundo y cuando se fue mi primo, tomé la decisión de que si yo me quedaba aquí, si yo era la elegida para no marcharme, tenía que ser feliz. Es mi deuda hacia ellos y como no se es feliz todo el rato, sino a ratitos, cuantos menos negativos me rodeen, mejor.
Y no, no es huír, es tener claro lo que forma parte de tu ética, de tus valores, de tu misión.

Eso sí, de lo realmente importante, me ocupo, como me llamo Yolanda 😀.

 

 

 

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